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13 de septiembre 2021 - 00:00

Votar en pandemia: a boca tapada pero con las calles desbordantes

La primera experiencia de sufragio en una situación sanitaria excepcional resultó exitosa en cuanto a su convocatoria. Dentro de los colegios se cumplió el protocolo; en las filas a sus puertas no tanto.

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protocolos. Algunas escuelas fueron más cuidadosas que otras en cuanto a las exigencias del uso del alcohol en gel y el distanciamiento.

Las primeras elecciones celebradas en una pandemia se cumplieron ayer sin otros contratiempos que ciertas demoras de procedimiento sanitario, lo que se tradujo desde temprano en filas (y quejas) más extensas que las habituales. El panorama era inusual para una elección: largas filas a las puertas de las escuelas y otros centros de votación, y en algunos casos hasta con cortes de tránsito para facilitar la afluencia. El protocolo ordenaba que no se podía esperar en el interior del establecimiento el turno para votar, de modo que había que hacerlo fuera.

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Los madrugadores, a diferencia de lo que dice el refrán, debieron esperar un poco más que los remolones, pues con el paso de las horas las filas se fueron descomprimiendo y se volvió más fluido el trámite. En general, en aquellas primeras horas, la proporción de demora con respecto a un sufragio normal alcanzó en amplias zonas de CABA y de la Provincia una relación de entre dos a uno y hasta tres a uno.

El uso del barbijo, ese implemento ortopédico mundial desde marzo del año pasado, fue la medida protocolar más observada, al igual que la introducción del sobre en la urna con la solapa plegada y no adherida, la falta de contacto entre el DNI y las manos de las autoridades de mesa, y también en alto porcentaje la birome propia. En cambio, el uso de alcohol en gel (los recipientes estaban a disposición del público a la entrada de los colegios) no se exigía en muchos casos. Tampoco se respetó en la calle el distanciamiento social ya que las filas para entrar a votar hubieran escandalizado a cualquier cajero de supermercado. Finalmente, y a diferencia de lo que ocurre aún hoy en muchos bancos, no se tomaba la temperatura. Esto, socialmente, evidenciaba muchos factores: la elevada proporción de ciudadanos vacunados, menos cuidadosos que hace un año; la tendencia declinante en la cantidad diaria de infectados, la proximidad de la primavera y, seguramente, las ganas de votar, lo que contradijo la presunta apatía ciudadana que se temía hasta hace pocos días.

La amenaza de la variante delta y los datos contradictorios, inseguros, que ofrece hoy el planeta en referencia a cuándo se podrá hablar, responsablemente, de pos-pandemia, no obstaculizaron la realización de los comicios. Diferente era la situación en 2020; si bien el año pasado se postergaron algunas fechas electorales, en 2021, con los cuidados protocolares, todo se encarriló hacia la normalidad. En América Latina, Ecuador votó para presidente el 7 de febrero; El Salvador, legislativas y municipales, el 28 de ese mes; Chile celebró el 15 de mayo la elección para la Convención Constitucional, el 18 de julio las primarias y el 21 de noviembre tendrá las presidenciales; Perú el 6 de junio las presidenciales; México, el 6 de junio las elecciones de medio; Paraguay convocó a elecciones municipales el 20 de junio; Nicaragua elegirá presidente el 7 de noviembre y Honduras el 28 de ese mes.

Pese a lo que se cree, no fue ésta la primera vez que la humanidad votó en pandemia. En 1918, cuando se salía de la Primera Guerra Mundial, la fiebre española (que dejó 50 millones de muertos) tuvo un efecto fuerte en las elecciones de ese año. En los Estados Unidos coincidieron con el invierno de aquel año, y aunque las elecciones no eran presidenciales sino parlamentarias las consecuencias fueron notorias. Los candidatos, en tiempos sin medios de comunicación más que los gráficos, fueron impedidos de hacer campañas presenciales dada la prohibición de aglomeraciones, de modo que debieron recurrir a métodos como el correo para enviar sus mensajes al electorado.

La situación no era la misma el año pasado, durante la primera y segunda ola de la pandemia de coronavirus, con cientos de elecciones suspendidas en el mundo. Sólo unos pocos países, como Burundi, Francia y Corea del Sur, siguieron adelante, aunque con medidas no aceptadas en otros, como por caso el voto por correo (así lo hizo Australia) o el voto electrónico. Los Estados Unidos, que celebraron las elecciones el 3 de noviembre, no dudaron en ningún momento en posponerlas. Era, además, un año histórico por el tenor de los candidatos en juego, la situación social en general, y en especial de las minorías étnicas.

Los protocolos no diferían demasiado de los aplicados ayer en el país, sólo que en varias naciones, como Corea del Sur, se tomaba la temperatura del votante, y quien tenía algo de fiebre no era despachado a su casa sino que sufragaba en un sector distinto. Polonia, que postergó algunos meses sus elecciones, terminó admitiendo el voto por correo y exigió la ventilación de los colegios durante 10 minutos cada hora. Francia fue pionera en exigir que los ciudadanos llevaran sus propias lapiceras. Croacia y Francia permitió que representantes de los pacientes con coronavirus votaran por ellos, y en otros lugares, el personal electoral visitó los hogares de los pacientes. Pero estas medidas son onerosas. Las elecciones de abril en Corea del Sur costaron 16 millones de dólares más. Los Estados Unidos gastaron 4.000 millones de dólares para garantizar las elecciones. Los costos de votar en pandemia también se acomodaron a cada presupuesto.

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