En concordancia, el Colegio de Veterinarios de la Provincia de Buenos Aires estableció que el centro del conflicto es la responsabilidad de los propietarios al liberar sus mascotas en la vía pública, lo cual es una problemática que crece continuamente. Por eso, fomentan la Tenencia Responsable, con el fin de reducir la cantidad de animales errantes y sin controles, mejorar su estado de salud y bienestar, reducir el riesgo que representan para la sociedad y prevenir las enfermedades zoonóticas.
Todos los especialistas concuerdan en que la castración quirúrgica es el único método aceptado para generar el control ético de la población canina. Además, la educación de la población se vuelve clave a la hora de comprender y generar conciencia sobre las implicancias negativas que traen aparejadas ciertas costumbres, por más arraigadas que se encuentren dentro de una comunidad. Por eso, cada dueño tiene una responsabilidad que excede los límites de su propio hogar.
Los que trabajan a diario para dar alivio
En el país, y sobre todo en Buenos Aires, existen distintos proyectos desarrollados por voluntarios quienes todos los días intentan encontrarles un hogar a los perros que no solo están abandonados, sino que viven en condiciones lamentables y tienen serios problemas de salud. Cada iniciativa traza una red sostenida gracias a la solidaridad de sus integrantes, piezas fundamentales en la concreción de las adopciones, y logran darle esperanza al futuro tanto de cachorros como de animales mayores.
A Zaguates Refugio lo fundaron Macarena Medina y Dolores Rodríguez Canedo en febrero del 2014, y su núcleo fuerte está conformado por ellas más una red de 17 voluntarios. Las tareas principales de la ONG son rescates, coordinación y traslados de animales a sus hogares de tránsito y/o a veterinarias si no están en condiciones de salud, seguimiento de las mascotas, comunicación y asesoramiento a los futuros adoptantes y respuestas ante la infinidad de consultas que reciben a diario a través de sus redes sociales tanto para adoptar como pedidos de ayuda.
“Fuera de ese núcleo, se cuenta con la colaboración de cientos de personas que desde el amor abren las puertas de sus hogares para recibir estos animales que salen de la calle”, explicó Romina Sbarbati, abogada y voluntaria del refugio, quien remarcó que otra parte importante del proyecto está conformada por quienes hacen colaboraciones económicas, sin las cuales nada de lo antes mencionado podría ser posible.
“Téngase en cuenta que solventamos por mes un número aproximado de 230 animales en su alimentación y asistencia veterinaria”, agregó Sbarbati, y señaló que Zaguates tiene como zona de trabajo específica el Barrio 31 y 21, en Ciudad de Buenos Aires, donde se rescatan mascotas en situación de calle o maltrato. “A pesar de sus traumas varios, son amorosas y agradecidas, pero requieren un tiempo de adaptación, y obviamente necesitan volver a confiar después del destrato del que fueron víctimas”, concluyó.
Por otro lado, Los Hermanos Paticorti se fundó a principios de 2018 y son alrededor de 10 personas, de las cuales 5 dan perros en adopción y las otras tienen diferentes tareas como manejar la redes sociales, hacer las transferencias bancarias e ir a las veterinarias. “Nos apoyamos uno del otro para poder continuar haciendo todo esto porque a veces se hace un poco difícil”, explicó Alén Gutiérrez, paseador y educador canino, quien aclaró que desde que arrancó el proyecto ya dieron más de 1000 animales en adopción y actualmente tienen 120 en tránsito.
“Sabemos que el Conurbano es una zona del olvido donde hay partes a las que nadie va, porque mucha gente se concentra en las villas de Capital Federal, pero ese lugar también necesita muchísima ayuda”, agregó Gutiérrez, y explicó que su rutina implica salir con el auto a levantar animales en barrios como Moreno, Merlo, González Catán, Laferrere y José C. Paz.
Por último, Amigo A Casa se creó en abril de 2018 y son un grupo de siete mujeres que, al igual que las dos iniciativas anteriores, trabajan a diario de manera no remunerada en lo que concierne a los tránsitos, traslados y voluntarios. Hasta el momento ya han dado 600 perros en adopción y actualmente tienen 90 en tránsito. “Durante la cuarentena estamos rescatando un montón porque por suerte hay muchas adopciones y a la vez hay mucha gente que se ofrece”, explicó Agostina Ferraris, una de las responsables.
“No damos a basto con la plata ni con los voluntarios que se ofrecen a transitar. No podemos ayudar a todos y nos parte el alma, pero son muchísimos los casos de los perros que nos llegan y terminamos ayudando a los pocos”, agregó Ferraris, e hizo hincapié en que el financiamiento lo obtienen exclusivamente de las donaciones económicas que reciben de sus seguidores, ya que no cuentan con ningún apoyo externo. Por eso, resaltó la importancia que tiene no solo adoptar sino también ayudar.
La enorme tarea de los transitantes
Tener un perro en tránsito implica darle un hogar a todos esos animales que fueron rescatados y están a la espera de ser adoptados. Se trata, básicamente, de cuidarlos hasta que encuentren una familia. Los transitantes asumen las responsabilidades de sanidad que requiera la mascota por un periodo que suele no extenderse más de dos semanas. Cabe destacar que las ONG o proyectos cubren todos los gastos que puedan surgir, ya sea de alimento, veterinarios, de medicación o desparasitarios. Además, hay un sistema de voluntarios para el traslado por si la persona que transita no puede acudir o quedarse en una consulta o procedimiento quirúrgico.
“El tránsito es esencial para nosotras”, explicó Ferraris de Amigo A Casa, y agregó: “Mucha gente no transita porque tiene miedo de encariñarse. Te puede pasar, de hecho a mí me pasó, yo me quedé con dos tránsitos, pero lo gratificante que es saber que estás cambiándole la vida a un animal y que si no fuera por vos seguiría en la calle, es enorme”. Esta opción es ideal para todos aquellos que no estén en condiciones de adoptar, o que quieran tener un primer acercamiento con una mascota sin el compromiso de asumir su cuidado de forma total.
“Decidí tener un perro en tránsito porque, aprovechando el aislamiento, quería saber cómo me sentía yo con dos mascotas, y cómo se sentía Palta, a quien tengo hace un poquito más de cinco años, con otro perro en casa”, explicó Julieta Habif, una comunicadora social y escritora de 29 años, quien recibió a Fuji y finalmente la adoptó. “Es muy mansita, está educada, no trae ningún problema, no hace pis ni caca adentro, no rompe, no muerde y no ladra. Es tan buena y me encariñé tanto que no me quedó otra opción que quedármela”, detalló.
Así mismo, Habif aclaró: “Fuji tenía una infección en la boca, como si fuera un flemón muy grande. Además, debía que ser castrada porque había estado preñada hacía poco y tenía una pelotita en el cuello, como un asomo de tumor”. El refugio costeó todos los gastos y, afortunadamente, la mascota ya se recuperó de todas sus afecciones por lo que solo resta vacunarla. “Siempre aconsejo tener perros en tránsito porque de última, si es una experiencia desfavorable en algún sentido, es una semana o quince días. Además, es una buena compañía en estos momentos”, concluyó.
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Fuji, a la izquierda, y Palta, a la derecha, son las mascotas de Julieta Habif.
Foto: Julieta Habif
Mariana Pizzul, de 28 años, es docente de historia y está concluyendo su carrera de Periodismo. Decidió se transitante cuando se decretó la cuarentena, porque se dio cuenta de que iba a estar mucho tiempo en su casa. El 23 de marzo recibió a Toribio, a quien cuidó durante dos meses hasta que lo adoptaron. “Lo encontraron en un terreno baldío y tenía una bichera, un agujero en el cuello. Tuve que darle cuatro medicamentos por día y hacerle una limpieza de la zona durante un mes hasta que se cerró. Los tratamientos los costeó el centro de tránsito, yo pagué algunas cosas para colaborar”, explicó.
Luego, recibió un perro al que solo tuvo que transitar un día y finalmente llegó Cairo, a quien cuida actualmente. “Lo encontré en la calle y las chicas de Amigo a Casa me tomaron el caso. El veterinario está casi seguro de que tiene un tumor de sticker, que es una especie de cáncer que se transmite a través del contacto sexual, por lo que pronto va a empezar quimioterapia. Una vez que esté bien va a poder ser adoptado. Es un perrito viejo y ellos son los que más necesitan casa y a veces los que menos consiguen”, detalló.
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Cairo es el perro que Mariana Pizzul actualmente tiene en tránsito. Cuando esté sano, saldrá en adopción.
Foto: Mariana Pizzul
Los perros de raza pura
La idea de “comprar perros” trae aparejada una polémica que recrudece al calor de los acontecimientos relacionados al abandono y maltrato animal. El hashtag #AdoptáNoCompres tiene más de dos millones de publicaciones asociadas en Instagram, y muchas personas militan de forma activa esta premisa que se opone de forma determinante al negocio canino en todas sus instancias.
En el país, la Federación Cinológica Argentina (FCA), cuyo objetivo es fomentar la crianza y perfeccionamiento de las razas caninas, lleva el registro genealógico de todos los perros de raza a nivel nacional y emite y garantiza los certificados de origen de cada animal, denominados pedigríes. Estos tienen reconocimiento internacional, con lo cual los criadores argentinos pueden exportar y exponer sus mascotas en todo el mundo.
Los “perros con papeles” pueden costar hasta cientos de miles de pesos y pertenecen a una industria rentable debido a su pureza. Y si bien algunos lo consideran un mero negocio de explotación con el único fin de enriquecer a un dueño codicioso, detrás de los criaderos también hay personas que desarrollaron pasión por los canes, y que cuidan y respetan tanto a las madres como a las crías con esmero y dedicación.
Es el caso del Criadero Calquin, desarrollado por María Cecilia Joncic, quien además es docente y musicoterapeuta, y su marido, Rubén Terenzi Sampayo. El matrimonio tiene una quinta de una hectárea en la localidad de La Reja, partido de Moreno, y solo crían la raza labrador retriever. Los mismos comparten un espacio totalmente abierto ya que no tiene caniles, no están atados, separados ni encerrados. Según describe Joncic, viven todos juntos en manada, sueltos y en comunidad.
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En Criadero Calquin solo crían la raza labrador retriever. El costo puede rondar entre los $20.000 y los $40.000.
Foto: Criadero Calquín
“Conocí al labrador siendo acompañante terapéutica de uno de mis alumnos, me encantó y me enamoré”, explicó la docente, y agregó: “Es un perro totalmente noble y dependiente del dueño, te ayuda en todo, siempre está con vos. Si te vas a duchar, está mirando a través de la cortina que no te ahogues, o si estás en un parque, está siempre al lado tuyo porque tiene miedo de que te pase algo o de que vengan otros perros. Es 100% de asistencia”.
Además, agregó que la virtud de la raza es que no tiene mordida: “No sabe morder. No sabe apretar y desgarrar. Frente a una amenaza, va en retroceso, nunca al ataque”. El costo de un labrador retriever con pedigree puede rondar entre los $20.000 y los $40.000. Según Joncic, las familias que los adoptan siguen en contacto con ellos, ya que los acompañan en las crianzas, e incluso les comparten fotos de celebraciones, como por ejemplo cuando los canes cumplen años.
Cómo colaborar, incluso sin adoptar
Como se mencionó al principio, la problemática de las poblaciones caninas urbanas es compleja, y encontrar una solución depende tanto de la sociedad como de los agentes sanitarios competentes, y también de las autoridades tanto Municipales como Provinciales y Nacionales. Mantener un rol activo y castrar a los perros es un primer paso fundamental para evitar que se continúe perpetuando el abandono y el maltrato, así como también para preservar la salud pública de todos los ciudadanos.
Si bien los refugios y ONGs ofrecen un paliativo ante tales circunstancias, también necesitan mayor atención porque en muchos casos no llegan a cubrir el número de pedidos de rescate diarios. También es importante advertir que se puede colaborar incluso sin adoptar: las donaciones económicas son un aporte valioso, incluso para aquellos que prefieren los perros de raza pero les gustaría apoyar estas causas. Ofrecerse como hogar de tránsito es otra alternativa, e incluso acciones pequeñas como facilitar un traslado de un lugar a otro, o simplemente quedarse durante una operación, son gestos que no implican mayor responsabilidad pero podrían mejorarle la vida a un perro que quizás ya es adulto pero todavía no conoce lo que es ser tratado con amor.
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