Cualquier persona que viva con una mascota sabe que se suelen subir a la cama. En el caso de los gatos, esta costumbre es aún más común y encierra una explicación que la ciencia comenzó a desentrañar: el de por qué los felinos eligen dormir sobre las personas que quieren.
Este compuesto fortalece el lazo afectivo genera sensación de bienestar y ayuda a reducir el cortisol, la hormona vinculada al estrés. Así, cuando un felino se recuesta sobre el cuerpo humano, ambos experimentan una mejora emocional tangible.
Calor y refugio: la lógica instintiva de los felinos
El contacto físico se convierte en una expresión de conexión biológica y emocional. Para el gato, esa cercanía no es solo una cuestión de afecto: es una necesidad, una búsqueda instintiva de seguridad y protección. Por otro lado, la búsqueda de calor corporal es otro de los motores de este comportamiento.
Según explicó la directora veterinaria del centro Kivet en España, Ana Ramírez, “adoran el calor que desprendemos y eligen lugares cómodos y seguros”. La preferencia por el pecho o la cabeza no es casual: esos puntos, además de irradiar temperatura, permiten al animal mantenerse cerca de los latidos y la respiración, sonidos que le transmiten tranquilidad y familiaridad.
Instinto cazador y control del entorno
Detrás de este hábito también se encuentra el instinto cazador que los define ya que dormir sobre una persona les permite, según los especialistas, monitorear el entorno y mantenerse alertas ante posibles amenazas. Desde la posición elevada sobre el pecho o la cabeza, el gato puede vigilar y reaccionar rápidamente si percibe movimientos o ruidos, lo que le brinda una sensación de control y seguridad.
La conducta de dormir sobre alguien, aseguran los expertos, “no es un simple capricho, sino una manifestación de necesidades biológicas, emocionales y comportamentales arraigadas en su naturaleza”, según la veterinaria Ramírez.