El chef Yvan Mucharrz lucía orgulloso junto a su compañero, a las cámaras de televisión, las grandes piezas que habían pescado, cuando un inesperado visitante les arrebató la cena de las manos.
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El sorpresivo forastero fue un lobo marino que se asomó por uno de los flancos de la embarcación y, con un rápido movimiento, volvió a sumergirse con un enorme pescado dorado.
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