1 de julio 2004 - 00:00
Prensa independiente decae. La progresista recrudeció sus riñas
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• Agitación
El progresismo en prensa está agitado. Magdalena Ruiz Guiñazú -un tradicional mito de la insulsez en el periodismo nacional-ataca a Alfredo Leuco por haber gestionado apoyo financiero del gobierno para la nueva radio de Marcelo Tinelli -oportunista pero no progre-y hasta haberle llevado al propio presidente Kirchner al acto inaugural de la emisora. Pero resulta que Guiñazú actúa -acotó bien la revista «Poder»- por los celos financieros de radio «Mitre», del monopolio «Clarín», que le debe al gobierno Kirchner más que nadie: la «ley cultural» que le redujo su abultada deuda externa en no menos de 600 millones de dólares, perjudicando a acreedores extranjeros (a raíz de eso nadie en el mundo financia nada hoy a la prensa argentina, como su consecuencia más nefasta). Leuco retruca a Guiñazú con que ella no defendió en el pasado la libertad de prensa (y menos mal que no se acordó de su relación con el ex ministro del Proceso José Martínez de Hoz).
En esta confusión de valores sale el mencionado Eduardo Aliverti y dice que no hay « periodismo independiente sino periodistas libres en medios dependientes». ¿Dependientes de quién? ¿Todos los medios son dependientes del gobierno, aunque hoy sean la mayoría? ¡Cruz diablo, la boca se le haga a un lado a Aliverti!
Admitamos, sí, que hay cada vez más. ¿Pero todos...?
Además Aliverti no es muy «libre» si es tan visible que sus programas dependen de un conocido banco.
Por si faltara poco aparece el ahora ultrakirchnerista senador riojano JorgeYoma y lanza otra burrada enorme: los medios de prensa son «subsidiados» con la publicidad oficial y por tanto tendrían que acceder, por ley en gestión, a brindar sus informaciones. Veamos los errores de esta torpe afirmación, en parte ya marcados en un comunicado de protesta de ADEPA. En cualquier democracia existe la obligación de difusión de los actos de gobierno, dice ADEPA. Agregamos desde este diario: a) No se puede considerar a la prensa un «servicio público», por tanto la publicidad oficial ayuda al costoso esfuerzo de informar a la sociedad. b) En Francia se subsidia a los diarios, en Inglaterra a la BBC y así en muchos países. ¿Queremos que en la Argentina la sociedad se informe sólo por «Página Pravda 12» (risueñamente llamada por «Edición i» el Pravda argentino, en alusión al diario único de la época del comunismo en la Unión Soviética).
En realidad, la prensa argentina está afectada económicamente, aunque con leve mejora últimamente. La suba del dólar de 200% fue mortal para una actividad que importa en dólares sus rotativas, repuestos, planchas, tintas y hasta papel (salvo que se sea socio del Estado como «Clarín» y «La Nación» en la empresa Papel Prensa). Muchos que deseaban mantenerse independientes -a otros les gusta el oficialismo debieron claudicar. Agréguese a esto que salvo que provengan de diarios o alguna revista, donde existen periodistas, el profesionalismo en medios audiovisuales es bajo, sobre todo en TV.
•Caída
No hay que quejarse mucho del exabrupto de JorgeYoma. El sitio en la Web del diario «Infobae» publicita no leer diarios. Claro, su edición gráfica nunca superó 2.300 ejemplares de venta. La angustia financiera de empresas y un periodismo sin gran formación conllevan a la caída que se observa hoy en prensa. Con un puesto de cónsul o una invitación al avión presidencial se «oficializa» con facilidad a un periodista o a un medio, como acaba de suceder con Héctor Timerman y la revista «Noticias». No interesaría, en un país serio, que un gobierno comprara profesionales para falsear encuestas. Lo que importa es que haya medios que sabiéndolas falsas las publiquen. Es bueno que un periodista gane 20.000 pesos o mucho más por mes, pero no si esos periodistas son injertados en medios porque el gobierno los compensa publicitariamente. No preocuparía que un gobierno tenga «prensa partidaria», pero sí que sea más, mucho más, hoy que la independiente que existe, aunque el progresismo no lo crea. Puede aceptarse que haya tantos medios de prensa operando a pérdida si fuera algo vocacional o político para expresarse, no si es para «lobbiar» al Estado.




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