Cerebro: cómo prevenir al Alzheimer

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Esta enfermedad es la causa más común de demencia y es neurodegenerativa, es decir, progresiva e irreversible. Pero pueden desarrollarse estrategias de prevención.

Las proyecciones advierten que el número de afectados por la enfermedad de Alzheimer superará los 130 millones en 2050, según el informe mundial de 2015 de Alzheimer’s Disease International. La pregunta es: ¿Cómo evitarlo? Es clave investigar cómo prevenir su aparición, a la vez que promover hábitos de vida beneficiosos para nuestra salud cerebral.

Recientemente se sabe que el Alzheimer es una enfermedad de larga duración, que empieza a producir daños en el cerebro hasta 15 o 20 años antes de que se manifiesten los primeros síntomas. Esta constatación ha abierto la puerta a investigar sobre cómo prevenir su desarrollo. Uno de los objetivos más importantes es diseñar estrategias de prevención que nos ayuden a retrasar o incluso frenar la aparición de los síntomas.

Lamentablemente, a fecha de hoy aún no disponemos de ningún fármaco comercializado con evidencia suficientemente contrastada sobre la modificación del curso de la enfermedad de Alzheimer. Aún así, hay diversos ensayos clínicos esperanzadores en marcha .

Tratar el Alzheimer antes de que aparezcan sus síntomas

Todo apunta a que el fracaso de los fármacos diseñados para curarlo estaría relacionado con una administración demasiado tardía, pues el cerebro ya tendría unas lesiones probablemente irreversibles.

La investigación clínica del Alzheimer se enfrenta a una nueva perspectiva: la de una enfermedad con una fase preclínica silenciosa, que comienza décadas antes de que los primeros síntomas se manifiesten.

La prevención secundaria es aquella que se dirige a modificar los procesos de la enfermedad en personas que aún no presentan síntomas, pero que ya están experimentando cambios cerebrales detectables mediante biomarcadores específicos.

Se trataría, pues, de intervenir en etapas previas, cuando la persona no presenta síntomas, frenando o haciendo más lento el progreso de la neurodegeneración para evitar llegar a la fase de demencia o retrasar al máximo su aparición.

Prevención primaria

En los años cincuenta se pensaba que la arteriosclerosis y el colesterol eran consecuencias inevitables del envejecimiento. Sin embargo, un estudio iniciado en 1945 en la ciudad norteamericana de Framingham nos ha permitido conocer mejor los factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares. Con la aplicación de este conocimiento, la mortalidad por estas causas se ha conseguido reducir globalmente hasta un 70%.

Gracias a este estudio, hoy sabemos que no es la vejez, sino la hipertensión, la diabetes y la obesidad los factores de riesgo que aumentan las posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares. También hemos comprendido que el ejercicio moderado, la dieta y no fumar son claves para su prevención.

En los últimos años se han publicado los primeros estudios que prueban la existencia de oportunidades para hacer prevención primaria en el ámbito de las demencias. Es decir, que existen un conjunto de prácticas que pueden disminuir el riesgo de presentar las causas que probablemente conducirán a alguna de ellas.

Centrándonos en cómo prevenir el Alzheimer, sabemos que lo que es bueno para el corazón, también lo es para el cerebro. Se calcula que adoptando unos hábitos de vida saludables se podrían prevenir casi uno de cada tres casos. El ejercicio físico, la actividad cognitiva, las relaciones sociales y la dieta tienen un papel muy relevante en la salud de nuestro cerebro.

Existen estudios, realizados en países nórdicos, que han demostrado la disminución de la incidencia de demencia en personas mayores de 65 años con cierto deterioro cognitivo que habían incorporado en su vida cotidiana prácticas de prevención para el control de los factores de riesgo cardiovascular.


Consejos para prevenirlo

-Controlar los factores de riesgo cardiovascular: colesterol, hipertensión, diabetes, obesidad, tabaquismo.

-Dieta equilibrada: llevar una dieta variada y equilibrada, como la dieta mediterránea, que incluya alimentos como aceite de oliva virgen extra, legumbres, frutos secos, fruta, verdura, pescado.

-Ejercicio físico: caminar y mantenerse activo es fundamental. Siempre adaptando la actividad a las características de la persona.

-Mente activa: ofrecer retos a la mente ayuda a mantener nuestra reserva cognitiva, aprender nuevas habilidades, hacer crucigramas, leer, apuntarse a talleres o cursos.

-Vida social: relacionarse con otras personas nos ayuda a mantener las conexiones neuronales activas y resulta clave para nuestro bienestar.

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