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23 de enero 2019 - 16:04

Cuando la violencia produce ansiedad infantil

El maltrato que ejerce un adulto sobre su hijo representa un desequilibrio de poder que puede comenzar desde el nacimiento del bebé. Aquí, alternativas para evitar e identificar situaciones nocivas para los niños en su desarrollo.

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Pixabay

El amor que recibe un bebé a través de caricias, palabras suaves, respeto por sus necesidades y contacto de miradas provistas de ternura, envía órdenes a la hipófisis activando el crecimiento adecuado a la vez que inscribe en el aparato psíquico un sentimiento de confianza y contención. En otras palabras: el amor es indispensable para el desarrollo. Sin embargo, hay familias en donde el vínculo amoroso es reemplazado por la violencia, justificado muchas veces desde la idea de que “lo hacemos por amor”.

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Sobre la base de datos de 30 países, 6 de cada 10 niños de 12 a 23 meses están sometidos a algún tipo de disciplina violenta. Entre los chicos de esta edad, casi la mitad son víctimas de castigos físicos y una proporción similar están expuestos al abuso verbal. Estas cifras fueron calculadas sobre la base de datos de las Encuestas Demográficas y de Salud (DHS), Encuestas Agrupadas de Indicadores Múltiples (MICS) y otras representativas a nivel nacional realizadas entre 2005 y 2016.

La violencia contra los niños y niñas incluye maltrato físico y mental (insulto, grito, burla, manipulación, cachetazo, empujón, zamarreo, tirón de pelo, etc.), abandono y/o tratamiento negligente (descuido, falta de condiciones básicas de higiene, abandono de la persona, etc.), explotación y abuso sexual. Es importante destacar que la responsabilidad de la violencia que se infringe sobre los niños es siempre del adulto y nunca de la víctima.

En todos los casos es necesario tener en cuenta los siguientes puntos para evitar este tipo de situaciones:

Algunas consecuencias psicológicas de la violencia sobre los niños

Si un niño crece dentro de una dinámica donde uno o varios de los progenitores expresan que hace “lo mejor para sus hijos” pero ejercen la violencia, lo más probable es que el niño entienda que la violencia es parte del amor quedando sometido a una situación muy confusa.

En este contexto suelen aparecer sentimientos de angustia y ansiedad al no poder procesar, discriminar ni explicar lo que se está viviendo. En las relaciones familiares violentas la angustia comienza cuando el niño a la vez que sufre, se siente culpable de “hacer las cosas mal” asumiendo la creencia de que “debe merecer lo que recibe”.

Cierto grado de ansiedad forma parte de la existencia y es deseable para poder enfrentar las exigencias del día a día (preparar un examen, aprender algo nuevo o ingresar a un grupo desconocido) pero ante situaciones extremas en las que se ve comprometida la integridad física o psicológica cumple una función determinante para la supervivencia ya que ante la señal de amenaza o peligro se activa como si fuera un perro guardián.

Cuando las situaciones violentas se perpetúan naturalizándose en la dinámica familiar, pueden generar sucesivas crisis de ansiedad perjudicando la habilidad de aprender, socializar y desarrollarse en la vida adulta.

Si se detecta que el niño padece síntomas de angustia, ansiedad o ha sido violentado, es importante no medicarlo y recurrir a un especialista

* Marina Rovner, es Licenciada en Psicología, especialista en trastorno de pánico, crisis de ansiedad y fibromialgia. Magister en Comunicación y Cultura (UBA). Profesora Titular Universidad Abierta Interamericana (MN: 11745)

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