Dos delincuentes armados asaltaron un geriátrico del barrio platense de La Loma, estuvieron dentro del lugar más de tres horas, encerraron a dos empleadas y a 10 abuelos y sometieron a la dueña a un "simulacro de fusilamiento".
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Los ladrones, luego de concretar el violento atraco, escaparon aparentemente en un auto, llevándose dinero en efectivo, algunas alhajas, relojes y muñecas artesanales, propiedad de la dueña del geriátrico.
La propietaria del lugar, Sara Contrera, relató que los asaltantes le pedían insistentemente más dinero, y contó que en un momento le dijo a uno de los delincuentes: "Si querés matame, pero más plata no tengo".
El asalto se produjo en el hogar "Milagros", ubicado en la calle 28 entre 42 y 43, de esta ciudad, ayer por la mañana.
La propietaria del hogar, de 67 años, dijo que después del robo se siente desesperada, y agregó: "Hasta me dieron ganas por primera vez, en catorce años, de cerrar todo e irme. No se puede creer, durante más de tres horas y no se iban, nos destrozaron todo".
Incluso, señaló que en un momento uno de los asaltantes le dijo: "Le pido perdón, pero lo tengo que hacer por mi hijo".
El robo comenzó ayer por la mañana, cerca de las 6.30, cuando, según indicaron fuentes policiales, los dos ladrones irrumpieron en el hogar de abuelos, aparentemente tras saltar la reja de entrada.
"Llegaron a una hora en que los abuelos están todos durmiendo y de entrada le pusieron un revólver en la cabeza a la persona que en ese momento estaba preparando el desayuno", contó la damnificada.
Luego, los agresores, según el informe preliminar que maneja la Policía, comenzaron a ver qué se podían llevar del lugar y comenzaron a exigir dinero.
Al final, el botín fue variado: 600 pesos de dinero en efectivo, cadenas y anillos de oro, una caja con quince relojes, otra con muñecas artesanales, ropa y llaves y documentos de un auto, todo de la dueña.
Su empleada no se salvó y también le sacaron un teléfono celular y dinero en efectivo, de acuerdo con lo indicado.
La dueña del lugar dijo que "los autores de semejante ataque actuaron a cara descubierta, aunque sí usaron guantes de lana para que no quedaran sus huellas marcadas en ninguno de los muebles ni lugares de la casa en la que apoyaron sus manos".
Mientras los delincuentes buscaban dinero en el fondo de la casa, donde vive Sara Contrera, ésta y sus empleadas quedaron encerradas en el baño.
A su vez, allegados a la investigación aseguraron: "Por los testimonios que pudimos recoger los delincuentes estaban seguros que había más dinero y por eso se comportaron así".
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