1 de abril 2004 - 00:00

Un FBI para el conurbano

La oferta de Felipe Solá al gobierno nacional para que tome bajo su mando el control de una fuerza de seguridad que actúe en el Gran Buenos Aires se traduce como la resignación de una facultad que la Constitución nacional otorga exclusivamente a las provincias.
En cierto punto, puede compararse con el Pacto de San José de Flores, firmado en 1859, cuando los estados provinciales resignaron facultades para dotar de funciones al Estado nacional para, entre otras cosas, el cobro de los aranceles aduaneros.

• Traducción

«Es perder soberanía pero ganar tranquilidad», tradujo uno de los participantes de la reunión maratónica que ayer realizó Solá en la Casa de Gobierno de La Plata, adonde convocó a funcionarios y legisladores para analizar las posibles salidas de la crisis.

En rigor, si entra en funciones la Policía Metropolitana -una vieja idea que ayer rebautizaron como un FBI del conurbano-, la provincia tendrá que renunciar al poder de policía que le concede la Constitución sobre una vasta porción de su territorio: el Gran Buenos Aires.

Tras el forcejeo con el gobierno nacional, que lo obligó a desprenderse de Juan José Alvarez -que para Solá era el funcionario más capacitado para Seguridad-y la salida de Rivara, el gobernador entendió que ningún ministro con su sello podría estar en calma.

«Si no, dentro de 10 días hay otro hecho y tenemos que volver a cambiar de ministro»,
explicaron en La Plata.

• Pedidos

Esta interpretación de Solá esconde un supuesto: que la tensión, sobre todo mediática, en materia de inseguridad en el conurbano está estrictamente ligada al ritmo político, especialmente a cómo se encuentren en cada momento sus vínculos con la Casa Rosada.

Por eso, el gobernador marchó anteanoche a reunirse con Kirchner para pedirle exclusivamente dos cosas:
fondos adicionales -unos $ 200 millones anuales-y un compromiso político para acompañar sus decisiones en materia de lucha contra el delito.

De allí salió la idea de la «solución conjunta», reflejada a través de un plan de
Gustavo Béliz, que en realidad calcó un modelo que en 1998 anticipó León Arslanian.

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