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“Iron man” regresa algo más apagado
«Iron Man 2» es una secuela razonable que, a diferencia del primer film le falta ritmo y equilibrio entre el talento de los actores y las escenas de superacción y efectos especiales.
Igual que en la previa «Iron Man», en esta segunda parte los actores, empezando por Robert Downey Jr, son casi más importantes que los efectos especiales de última generación.
Lo que no resulta igual que en la primera película es el equilibrio argumental entre el talento humano y las escenas de super acción y efectos especiales, que aparecen en forma más intermitente a lo largo del film, a veces con resultados formidables, como la primera irrupción de Mickey Rourke como el archienemigo ruso de Tony Stark, o sea Iron Man, en medio de una carrera de Fórmula 1 en Montecarlo. La puesta en escena de esta secuencia, y la mezcla de humor e ironía que se mantienen durante todo el guión siguen adecuadamente el espíritu del original, pero el ritmo no es el mismo.
Evidentemente no se puede repetir la misma historia, pero al menos el argumento debería haberse enfocado en conflictos más intensos que las disputas del millonario protagónico con el gobierno de EE.UU. para evitar que su supertraje metálico se convierta en un arma más al servicio de una carrera armanetista que él se enorgullece de haber finalizado con frases como «¡Yo privaticé la paz nuclear!».
Lamentablemente, esta vez el personaje de Tony Stark está un poco más apagado, lo que en realidad es coherente con su gran problema: el mismo material que le ha salvado la vida ahora está contaminando peligrosamente su sangre, al punto de que le queda poco tiempo de vida. Con su novia Gwylneth Paltrow demasiado ocupada en manejar su megaempresa, el espectador podría esperar que la fría y bella abogada-modelo, y también karateca, Scarlett Johansson le arranque algunas chispas. Lástima que ella es una especie de ninja al servicio de Nuick Fury, superhéroe secundario encarnado por Samuel L. Jackson que aparece demasiado poco (aunque pronto tendrá su película propia).
En todo caso, Johansson se roba una de las mejores secuencias de acción al acabar casi sola con todos los guardias de seguridad de la empresa de otro buen villano del film, el torpe millonario interpretado por Sam Rockwell en un veta algo parecida a la de las películas de Austin Powers (de hecho, el papel parece haber sido escrito para Mike Myers). Aunque de todos modos, para villano, el ruso de rostro achinado que compone Mickey Rourke bastaría, ya que le da un toque sutil de humor negro a su personaje, muy al tono de lo que debería esperarse de «Iron Man». Igual, humor es lo que abunda.
En síntesis, si bien «Iron Man 2» es una razonable secuela, ojala la tercera parte pueda alcanzar el nivel superior de la primera película.


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