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AMIA: acto hoy a nueve años del atentado
Robert Goodkind, del AJC: «He advertido mucha esperanza en la comunidad judía local, pero también escepticismo y hasta cinismo. No es para menos: pasaron nueve años y poco es lo que se ha avanzado».
De vuelta de la sede diplomática israelí, Goodkind fue llevado por Kaúl al salón donde empleados de la AMIA reparten vales de compras y de comida a gente sin recursos. Y se asombra cuando le dicen que «entre 25% y 30% de los judíos argentinos vive por debajo de la línea de pobreza». Y si bien el AJC es un organismo político, y no benéfico, admite que el tema lo preocupa. «Sé que el Joint (la organización benéfica de EE.UU.), Dios lo bendiga, está haciendo todo lo posible para ayudarlos, pero, igual que otras ONG, fue duramente golpeada por la recesión de mi país. Pero estoy seguro de que seguirá cooperando con todo lo que pueda: la Argentina es demasiado importante para nosotros», promete.
Rápidamente el tema del acto vuelve al centro de la escena. «¿Qué diré en mi discurso? Nada que no se haya dicho hasta el hartazgo en estos nueve años: reclamar justicia», dice Abraham Kaúl, titular de AMIA, y en cuyo despacho se hace el encuentro de Ambito Financiero con Goodkind. Allí, rodeado de las banderas argentina e israelí, una menorah (candelabro) y fotos de Yitzhak Rabin, el visitante asiente. «Venimos a este acto por dos razones: la profunda relación desarrollada con AMIA y ver si las promesas del presidente Kirchner se concretan.»
Una de las frases del discurso que dirá Kaúl hoy asegura: «Pasaron nueve años sin justicia, pero no pasó un solo día sin memoria». Los ejes de su mensaje pasarán por reiterar que Carlos Telleldín y el comisario Juan José Ribelli están seriamente implicados en el atentado, pero sólo son una parte. Y a pesar de que lo hecho hasta ahora por Kirchner provocó cautas, pero positivas reacciones en la comunidad, «todo está por verse». Ambos dirigentes coinciden en que «ya hay indicios de que es diferente de presidentes anteriores: ha tomado acciones concretas, como ordenar a catorce agentes de la SIDE declarar en la causa. Tenemos esperanzas de que de sus dichos surjan nuevas evidencias».
Tanto AMIA como DAIA -el órgano político de la comunidad judía-tienen como aspiración de máxima que en el banquillo de los acusados no sólo se sienten funcionarios de la embajada y del gobierno iraní, sino el propio Irán. «Es sin dudas una cuestión de Estado, no de miembros de un gobierno», dice Kaúl.
«Definitivamente, si esta vez las promesas no se concretan en hechos, será una enorme frustración. ¿Si tengo esperanzas a nueve años del atentado todavía? Sí, pero no totales. Quizá si se condena a estos participantes secundarios de la enorme tragedia del 18 de julio de 1994, se decidan a hablar y a revelar detalles, conexiones, responsabilidades superiores...», aventura Goodkind.


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