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Ante Urso: "Serví al país y sufro ahora el escarnio de los medios"
Menem alcanzó a saludar a los animadores del subloque del Congreso antes de retirarse del juzgado. No alcanzaron a cantar la marcha peronista como el día en que Urso dictó la detención domiciliaria el 7 de junio, pero clamaron por la «injusta detención». En la entrada de Comodoro Py, se apostaron centenares de simpatizantes del menemismo para reclamar por la libertad del ex presidente.
De la quinta de Armando Gostanian, el «paper» volvió a la Capital Federal donde circuló durante todo la noche por las PC de Roger y compañía -incluido un vistazo de Eduardo Menem, consulta permanente de la defensa-, y terminó con la corrección final en un estudio jurídico de la zona de Tribunales, a las 10 de ayer. Se optó por ultimar las formalidades de la presentación en un bufete que no fuera el de Martín Men em, uno de los colaboradores de Roger, para evitar el eventual asedio periodístico. Para pulirlo, se imprimieron varios juegos. Posiblemente, fueron más de diez sólo en la mañana de la víspera.
El equipo jurídico que patrocina a Menem debió trabajar a marcha forzada, ya que habitualmente la elaboración de un escrito de esas características insume más de 24 horas. En verdad, dispusieron de menos de ese tiempo porque el juez Urso les notificó el nuevo llamado a indagatoria a las 11 del lunes. El trabajo los obligó a demorarse y arribaron al juzgado federal, media hora más tarde de lo previsto.
Lo primero que hicieron los abogados al llegar al 4° piso de Comodoro Py fue entregarle una copia al ex presidente. Menem los esperaba desde las 10 en punto, en compañía de Cecilia Bolocco. Antes de abordar el helicóptero que trasladó a la pareja desde Don Torcuato hasta el barrio de Retiro, sabía que Roger y Mariano Cavagna Martínez venían retrasados. A las 9, los letrados también habían advertido al secretario de Urso, Juan Hermida, de la demora. Para aliviar la espera, Menem bebió un par de tazas de café que le ofrecieron en la secretaría de Urso.
Cerca de las 11, cuando estaba a punto de empezar la indagatoria, el fiscal Carlos Stornelli se acercó a saludar a Menem y a los demás acompañantes. Ninguno de ellos demostró emoción alguna, aunque la tensión resultaba inexorable. El ex jefe de Estado ingresó, entonces, a la oficina del magistrado, flanqueado sólo por Roger y Cavagna. César Arias, que se sumó a la delegación de abogados, y Martín Menem permanecieron afuera del despacho del juez, advertidos de que estaban habilitados sólo dos letrados a acompañar al acusado.


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