6 de julio 2001 - 00:00

Menem bloquea nuevo comando en peronismo

Para el martes próximo a las 16 está previsto que, en la sede nacional del Partido Justicialista, se reúnan los gobernadores de provincia, autoridades de los bloques partidarios y un grupo de sindicalistas representativos de la CGT dialoguista para, todos juntos, constituir una especie de «conducción estratégica» capaz de timonear esa fuerza política en medio de la crisis. Sin embargo, es posible que ese curso de acción desemboque en una división de la cúpula peronista entre dos jefaturas que no se reconocen mutuamente. Es que al plan formulado la semana pasada le surgió ayer una dificultad: desde su cautiverio de Don Torcuato, Carlos Menem envió un mensaje a sus representantes en el consejo nacional: «Hay una maniobra para avanzar de manera ilegítima sobre la conducción del partido que no debemos permitir. Hubo un comando de esa naturaleza cuando el General estaba fuera del país pero ahora el jefe legítimo soy yo y estoy acá, perseguido injustamente». Menem, que instruyó de esta manera a varios de sus delegados en la cúpula peronista, agregó: «Además, nuestros compañeros son los que están ganando las internas en todas las provincias, así que las razones para que pretendan esta sustitución son inexistentes».

• Consenso

Con esa indicación, el riojano puso un palo en una rueda que, al parecer, contaba con el consenso de todos los dirigentes que habían participado de la última reunión de la conducción partidaria, el miércoles pasado. Sin embargo, desde hace 48 horas, los leales a Don Torcuato comenzaron a quebrantar algunas de esas solidaridades. La primera fue la de Rubén Marín, quien en el esquema actual es vicepresidente a cargo del PJ y que contará con un poder más acotado en el que se pretende instalar el martes que viene. Lo mismo sucedería con el salteño Juan Carlos Romero y, obviamente, con el riojano Angel Maza. Tres sindicalistas que forman parte de la mesa directiva del partido son también adherentes de Menem: José Luis Lingeri, Antonio Cassia y Andrés Rodríguez. Ellos también se conjuraron para refirmar a la conducción actual, tal como está formada, sobre todo después de que ayer por la mañana el ex presidente se comunicó con Cassia para comentarle cuál es su estrategia ante las modificaciones que se pretenden realizar. Un minuto antes de hablar con el sindicalista, Menem había recibido de Eduardo Bauzá un informe neutro sobre la reunión que se prepara para la semana que viene.

El objetivo del riojano es que, si finalmente se realiza el cónclave, sus aliados dentro del consejo no concurran. La idea que preside su táctica es que, con la excusa de que está detenido, sus adversarios internos pretenden conseguir lo que vinieron buscando desde hace más de dos años: la conducción partidaria. Menem señala, obviamente, a Eduardo Duhalde y a Carlos Ruckauf, ambos ausentes del consejo actual. Algo de razón tiene ya que en las últimas dos semanas Ruckauf, pero sobre todo Duhalde, intentó, a través de distintos mensajeros, convencer a José Manuel de la Sota de la necesidad de que se convoque al congreso del partido. De la Sota se negó de inmediato, de manera elegante: «Eso daría lugar a una guerra entre duhaldistas y ruckaufistas que haría mucho daño», dijo a los mensajeros. El gobernador de Córdoba sabe que el plan de Duhalde, demorado desde hace meses, es utilizar su autoridad sobre el congreso partidario para, sencillamente, derrocar a Menem en la cúpula del consejo. Una salida de ese tipo les daría a los bonaerenses un poder excesivo dentro de la estructura peronista.

Cerrada la vía anterior, varios gobernadores y los gremialistas de la CGT resolvieron el formato que se buscaría imponer el martes: sencillamente la sustitución del consejo por un comando estratégico. El cuerpo sería, en la imaginación de los que lo crearon, una especie de sala de situación que tendría entre sus objetivos llamar a una interna de emergencia para que el peronismo tenga candidato si, in extremis, se produce una crisis en el gobierno nacional. Como se ve, además de tener un matiz anti-Menem, el experimento tendría también otro, más tenue, anti-De la Rúa. No en vano uno de los aportes más importantes que realizó el ex presidente a su sucesor, en los últimos meses, fue la convocatoria a internas peronistas para 2002: el mensaje fue claro, antes no habrá elección presidencial. Ahora que está preso, es posible que refuerce esa pretensión pero más en defensa propia que del gobierno de la Alianza.

Dejá tu comentario