Ubicado en plena Costanera Norte, el restaurante de Pedro Bargero e Inés de los Santos propone un recorrido que empieza en el plato y se extiende hacia la barra, la música y el paisaje. Con una nueva carta que pone en valor la pesca de río y del litoral, los vegetales de estación y las técnicas de fuego, la propuesta combina identidad rioplatense e inspiración mediterránea en un espacio pensado para quedarse cuando termina la cena.
Hay lugares de Buenos Aires que cambian de registro cuando cae la noche. La Costanera Norte es uno de ellos. Allí, frente al Río de la Plata y en una dirección que parece hecha a medida para el nombre que lleva, Costa 7070 construyó una propuesta en la que gastronomía, coctelería y música conviven sin que ninguna tenga que quedar relegada a un segundo plano.
El número no es una metáfora: 7070 es la altura de la avenida Costanera Rafael Obligado donde está ubicado el restaurante. Pero Costa es mucho más que una dirección. Es un espacio de 1.500 metros cuadrados diseñado para acompañar distintos momentos de una misma noche: la mesa, la barra, la terraza, la música y, cuando el ritmo empieza a subir, la pista. En el centro del salón, una gran barra funciona como uno de los puntos de encuentro del lugar, atravesada por un cubo de luces diseñado por el artista visual Sergio Lacroix que cambia sus visuales a medida que avanza la noche.
La experiencia empieza, sin embargo, bastante antes de que aparezca la música. La cocina, liderada por Pedro Bargero junto a Rafael Ceraso, chef de Costa, tiene al territorio como punto de partida. Su mirada parte del Río de la Plata, de las pescas del litoral y del mar argentino, en diálogo con una tradición gastronómica atravesada por la inmigración mediterránea. Es una cocina que encuentra un punto de encuentro entre el río y el mar, entre lo criollo y las reminiscencias de la gastronomía española.
Costa 7070 construyó una propuesta en la que gastronomía, coctelería y música conviven sin que ninguna tenga que quedar relegada a un segundo plano.
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La nueva carta profundiza esa búsqueda con doce platos que ponen el foco en el producto y la estacionalidad. La pesca de río y del litoral gana protagonismo, acompañada por vegetales de primavera, mariscos argentinos y preparaciones en las que el fuego sigue siendo el hilo conductor. Josper, parrilla y ahumados conviven con marinados, pickles y salsas clásicas reinterpretadas a partir de ingredientes locales. El objetivo es cada vez más claro: intervenir menos para dejar hablar al producto. “Nos interesa una cocina cada vez más directa: menos intervención y más respeto por el producto y por el territorio del que viene”, define Bargero.
Alrededor de pescados y mariscos, la carta fue construyendo una serie de tapas y platos para compartir: cholgas, buñuelos de calamar, ribs de pacú, espárragos, croquetas y tortilla de papas con carpaccio de langostinos son algunas de las opciones que fueron destacadas por la prensa gastronómica. Además de la paella que ocupa un lugar especial dentro de ese universo.
La barra y su propuesta de coctelería, a cargo de Inés de los Santos, acompaña esa misma idea de frescura y territorio, pero desde el lenguaje de los botánicos, las hierbas y los perfiles aromáticos. Son tragos pensados para acompañar la comida y sostener el ritmo de una noche larga, con una tendencia hacia bebidas más suaves y ligeras. Distintas reinterpretaciones de clásicos forman parte de una carta en la que el cóctel no funciona simplemente como acompañamiento, sino como otra manera de contar la experiencia.
Alrededor de pescados y mariscos, la carta fue construyendo una serie de tapas y platos para compartir.
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Y quizás ahí esté una de las particularidades de Costa 7070: la noche no está dividida en etapas estancas. No hay un restaurante por un lado y una discoteca por el otro, sino un recorrido que puede empezar alrededor de una mesa, continuar con un trago en la barra y terminar con música y baile. El espacio está pensado justamente para que esa transición suceda de manera natural. La terraza mira al río; el segundo nivel concentra una energía más intensa; abajo, la barra y las mesas mantienen el pulso gastronómico.
Pero más allá de las luces, la música o la dimensión del espacio, Costa 7070 encuentra su identidad en algo más sencillo: el lugar donde está. El río está afuera, en el paisaje, pero también adentro, en los productos que llegan a la cocina, en los sabores que propone Bargero y en la frescura que atraviesa la barra de Inés de los Santos.
Quizás por eso la experiencia tenga algo de viaje sin necesidad de salir de Buenos Aires. Se puede llegar para comer y descubrir una cocina que mira hacia el litoral, quedarse por un cóctel, levantar la vista y encontrarse con las luces que cambian sobre la barra. Y, cuando la noche avanza, dejar que la mesa dé paso a la música.