Sumergidos en un baño de bolas rosas o lanzando puñados de papel picado multicolor, adolescentes y veinteañeros se encuentran en un estudio londinense especialmente diseñado para hacerse fotos destinadas a las redes sociales.
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Sumergidos en un baño de bolas rosas o lanzando puñados de papel picado multicolor, adolescentes y veinteañeros se encuentran en un estudio londinense especialmente diseñado para hacerse fotos destinadas a las redes sociales.
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El espacio efímero "The Selfie Factory", que durante seis semanas se instaló en Westfield, uno de los centros comerciales más grandes de Europa, vio pasar a miles de personas por su veintena de decorados temáticos.
El estudio tiene una pared de rosquitas, un gigantesco oso de peluche y hasta una sala de restaurante típica de los años 1950 para crear imágenes extravagantes con las que actualizar el fondo de pantalla y arrancar "me gusta" en las redes.
El espacio, cuyo concepto es popular en Asia y en Estados Unidos, fue imaginado por Will Bower, de 26 años. Cuando viajan, este joven emprendedor y su novia siempre buscar los mejores lugares para las fotos que luego cuelgan en Instagram.
Pero, como siempre suele haber cola en los sitios más vistosos, se planteó por qué no reunir en un mismo lugar una multitud de escenarios originales. Y así nació The Selfie Factory.
"A nuestra generación le gusta colgar cosas en línea y siempre cuesta encontrar más contenido", pero "The Selfie Factory les ofrece una tonelada de opciones de una vez", asegura.
"Mucha gente vive su vida en redes sociales como Instagram. Estoy seguro de que los lugares como este se van a multiplicar en el futuro", predice Bower. "La gente entra, pasa una hora divirtiéndose y tomando tantas fotos como quiere".
Entre la gran multitud de jóvenes se ve también a algunos sexagenarios que posan con grandes sonrisas junto a un elefante rosa.
Según Bower, The Selfie Factory también recibió la visita de influencers, esos profesionales que se ganan la vida con sus actividades en las redes sociales.
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