Cada salida a un nuevo destino no solo implica conocer lugares diferentes, esto también despierta emociones positivas que pueden influir en la vida cotidiana de cualquier persona.
Unas investigaciones explican cómo las experiencias fuera de casa influyen en el ánimo y la satisfacción personal a largo plazo.
Un estudio reveló los beneficios de viajar.
Cada salida a un nuevo destino no solo implica conocer lugares diferentes, esto también despierta emociones positivas que pueden influir en la vida cotidiana de cualquier persona.
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La psicología analiza hace mucho tiempo la relación entre estos dos fenómenos y los resultados confirman que el hecho de viajar no se limita a un simple pasatiempo. Al contrario, tiene efectos que ya están confirmados sobre la salud mental y emocional.
Diversos estudios muestran que las experiencias vinculadas a un viaje generan satisfacción antes, durante y después de la partida. El simple hecho de planearlo ya produce entusiasmo, porque uno se encarga de elegir un destino, revisar información y comprar pasajes, lo que provoca alegría y expectativa.
Ya durante el recorrido, las sensaciones suelen intensificarse. Quienes viajan dicen sentirse relajados, renovados y con más energía para afrontar la rutina. El contacto con otras culturas, la naturaleza y nuevas personas hace que se fortalezca esa percepción de bienestar.
Una investigación de la Universidad de Cornell, publicada en 2014, concluyó que estas experiencias aportan más felicidad que las compras materiales, porque los recuerdos perduran con el tiempo y se evocan con placer. Algo similar observó un estudio en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, donde se comprobó que los viajes generan beneficios emocionales sostenidos.
Algunas prácticas que ayudan a que la experiencia sea más positiva:
Quienes viajan suelen destacar que la experiencia reduce el estrés, mejora los vínculos sociales y amplía la sensación de plenitud. Los recuerdos construidos durante esos días se transforman en parte de la historia personal.
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