Este secreto para la limpieza del baño es muy efectivo.
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Mantener el baño limpio no solo tiene que ver con la estética. También influye en la salud del día a día y en la sensación de comodidad dentro de la casa. Aunque existen muchos productos en los supermercados, algunos ingredientes de la cocina ofrecen buenos resultados.
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Uno de los hábitos que más se repite en los hogares es el de poner sal en el inodoro antes de irse a dormir. Esta práctica, económica y fácil de aplicar, permite aprovechar las horas en las que no vas al baño para reforzar la higiene y mejorar el olor del ambiente.
Beneficios de echar sal en el inodoro para eliminar olores
La sal gruesa cuenta con propiedades que ayudan a mantener el inodoro en mejores condiciones. Al tomar contacto con el agua, colabora en el aflojamiento de residuos adheridos y reduce la formación de manchas difíciles. Ese efecto es muy útil para evitar la acumulación de sarro, uno de los principales causantes de los olores persistentes.
Otro punto a favor es su acción antibacteriana. Este ingrediente común contribuye a limitar la presencia de microorganismos que suelen vivir en el inodoro y que generan aromas desagradables con el paso del tiempo. Cuando se combina con bicarbonato, el efecto se potencia y la limpieza es más profunda.
Además, esta mezcla favorece la descomposición de restos orgánicos que pueden afectar el funcionamiento de las cañerías. Este recurso también suele aplicarse en otras superficies del baño. Ayuda a controlar el moho en los azulejos, mejora el aspecto de la ducha y deja las cortinas más limpias.
Los pasos para limpiar con sal tu inodoro
Para aplicar este truco, solo se tienen que seguir estos pasos:
Poner dos cucharadas de sal gruesa en un recipiente.
Agregar dos cucharadas de bicarbonato de sodio.
Incorporar cinco gotas de aceite esencial, como limón, lavanda o eucalipto.
Poner la preparación dentro del inodoro, repartida en la zona del agua.
Bajá la tapa y dejá actuar durante toda la noche.
A la mañana siguiente, accioná la cadena para completar la limpieza.
Este método puede repetirse una o dos veces por semana sin afectar las cañerías. El baño es uno de los espacios con mayor exposición a virus y bacterias, como E. coli, rotavirus o influenza. Por eso es que la higiene frecuente reduce riesgos, controla el moho y evita aromas molestos.
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