El edificio en el que se estrelló la avioneta (izquierda). El pitcher de los Yanquis de Nueva York Cory Lidle (derecha).
Una avioneta tripulada por un beisbolista del equipo de los Yankees se estrelló hoy contra un edificio de apartamentos en Manhattan, Nueva York, causando la muerte de dos personas y devolviendo a Estados Unidos, por algunas horas, a la angustia del 11 de setiembre de 2001.
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El jugador de béisbol Cory Lidle pilotaba la avioneta que se estrelló y falleció en el accidente, confirmó en un comunicado el dueño de su equipo, los Yanquis, George Steinbrenner.
El aparato, un popular modelo Cirrus S20, estaba registrado a nombre del jugador de los Yanquis de Nueva York lo que hacia suponer que Lidle estaba al mando del aparato, pero este extremo no había sido confirmado por las autoridades.
El propio alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, explicó en rueda de prensa que los cuerpos de un hombre y una mujer aparecieron en la calle junto a los restos del avión, aunque precisó que no se había confirmado si uno de los cadáveres era el relevista de los Yanquis.
Pero durante unas pocas horas, después de que la avioneta se estrellara contra el vigésimo nivel del Belaire, un edificio de cincuenta pisos ubicado en la calle 72, sobre el East River, a las 14.45 locales (18.45GMT), frenéticas versiones circularon a través de los canales de televisión estadounidenses.
En un primer momento se habló de un "pequeño" avión, luego de un helicóptero y finalmente la agencia federal de aviación confirmó que se trataba de una avioneta.
Con el correr de los minutos, varios funcionarios del gobierno salieron a descartar que se tratase de un ataque terrorista.
Para los habitantes de la ciudad se trató de un breve retorno a los momentos de horror del 11 de setiembre del 2001, cuando dos aviones de línea, secuestrados por extremistas islámicos, se estrellaron contra las torres gemelas de Nueva York, matando a cientos de personas.
Aquel día, otro de los aviones secuestrados fue lanzado sobre el Pentágono y el cuarto cayó en un descampado en Pennsylvania.
Los neoyorquinos habían recordado el quinto aniversario de los atentados exactamente un mes atrás.
Hoy, para despejar cualquier posibilidad de un ataque, el gobierno estadounidense ordenó el despegue de varios aviones caza para patrullar los cielos de Nueva York.
Sin embargo, los aeropuertos de la ciudad no se sintieron afectados y mantuvieron sus operaciones con normalidad.
Al anochecer, los hechos comenzaron a aclararse cuando se difundió que Lidle -¿según las fuentes¿ había enviado un mensaje de auxilio, señalando problemas de combustible, antes de estrellarse contra el Belaire.
Lidle, de 34 años, había despegado con su avión de dos motores desde el aeropuerto Teterboro, en el vecino estado de Nueva Jersey, al otro lado del río Hudson, y luego sobrevolado la Estatua de la Libertad.
El beisbolista no estaba en contacto con los controles de tráfico aéreo, una práctica a la cual no están obligados quienes tripulan aparatos pequeños.
Se trató de "un avión liviano", dijo precisamente el alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, quien explicó que la mayor parte del fuselaje del aparato se consumió con el fuego, aunque el motor fue hallado "en uno de los pisos" del edificio.
"Fuimos afortunados" de que el número de muertos no fue mayor, dijo Bloomberg, quien de todas maneras expresó sus condolencias a las familias de los fallecidos.
"Perdimos a dos seres humanos, un varón y una mujer, pero debemos agradecer que no fue algo mayor", agregó.
Bloomberg aseguró que "nada sugiere algo remotamente relacionado con terrorismo" en el accidente.
El alcalde prometió una investigación del caso, pero algunos expertos expresaron sus críticas, apuntando en particular a la posibilidad de que un avión en problemas pueda seguir volando en los cielos de Nueva York a pesar de las anunciadas medidas de seguridad puestas en marcha tras los atentados.
"Todo indica que se trató de un accidente desafortunado", buscó tranquilizar Yolanda Clark, una de las voceras del ministerio de Seguridad Interior.
El choque de la avioneta contra el edificio provocó intenso fuego en unos pocos pisos de la estructura y envió partes de material en llamas hacia el piso, donde se registró un acotado incendio que los bomberos controlaron en menos de una hora. La oficina del forense de Nueva York contribuyó a la confusión general afirmando que los muertos eran cuatro, para luego retractarse y señalar que los fallecidos son solamente dos.
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