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13 de marzo 2008 - 00:00

Acorralado, renunció el gobernador de Nueva York

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Acompañado por su esposa, Eliot Spitzer puso fin ayer ante la prensa a su carrera política.
Nueva York (EFE, DPA, Reuters, El Mundo) - El gobernador de Nueva York, el demócrata Eliot Spitzer, presentó ayer su renuncia, dos días después de descubrirse su vinculación a una red de prostitución de lujo y de negociar esa salida con la Fiscalía General del estado.

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«Los remordimientos me acompañarán siempre», dijo Spitzer en su comparecencia de ayer ante la prensa en Nueva York, en donde también dijo que no le quedaba más remedio que «aplicarse a sí mismo», los mismos criterios «de rectitud» y de «asunción de responsabilidad» que siempre pidió a los demás en su carrera política.

Spitzer, de 48 años y ex fiscal general del estado durante ocho, termina así su carrera política, construida sobre la ética y la persecución de la corrupción y las irregularidades financieras, envuelto en un escándalo sexual que se destapó después de ser investigado por inspectores del IRS, la AFIP estadounidense.

Spitzer compareció ante la prensa acompañado por su esposa Silda, con quien lleva 21 años casado, y dijo que «sentía profundamente» lo ocurrido «por no haber estado a la altura de las circunstancias», al tiempo que se disculpó «sinceramente ante todos los neoyorquinos». El político demócrata admitió que ahora tendrá que «expiar» su fracaso ante sí mismo, su esposa y toda su familia, a la que agradeció la «compasión» que le mostró.

«Intentaré desde fuera de la política servir al interés común», dijo Spitzer, que también señaló que «la mayor gloria no consiste en no caer, sino en levantarse cada vez que uno se cae».

  • Escándalo

    El escándalo saltó a la opinión pública el lunes cuando el diario «The New York Times» reveló su presunta vinculación a una red de prostitución de lujo que operaba en Washington y en NuevaYork, y a la que habría recurrido en varias ocasiones. Los abogados de Spitzer negociaron en los dos últimos días con la Fiscalía de Nueva York un acuerdo para evitar ser imputado, según indicaron las fuentesde la investigación a diversos medios estadounidenses. Las mismas fuentes destacaron que su esposa insistía en que no renunciara y continuara en el cargo para el que fue elegido en noviembre de 2006 con 69% de respaldo de los neoyorquinos.

    Una inspección fiscal rutinariainiciada el año pasado condujo a los inspectores del IRS hasta las cuentas bancarias de Spitzer, que había realizado unas transacciones financieras que resultaron sospechosas a su banco. Las transacciones posteriormente llevaron a una red de prostitución, que fue desarticulada la pasada semana con la detención de cuatro de sus responsables.

    En las últimas horas se supo que Spitzer gastó 80.000 dólares durante los últimos diez años en pagar los servicios de prostitutas y que abonaba 4.300 dólares cada vez que requería a una de las mujeres. Esta última cifra justamentees la que abonó por dos horas y media de servicio de una prostituta llamada Kristen en la habitación 871 del hotel Mayflower, en Washington, según consta en escuchas telefónicas realizadas por el FBI. Esta fue advertida por sus jefes de que Spitzer era un cliente que solía pedir «cosas no muy seguras» a las «call-girls» de lujo del Emperors Club VIP.

    Las indagaciones revelaron que Spitzer reservó dos habitaciones en ese hotel, una bajo el nombre de uno de sus donantes de fondos electorales, George Fox, sin que éste lo supiera y que el «Cliente 9» pagó a la prostituta el viaje de Nueva York a la capital de Estados Unidos.

    La ley estadounidense considera la prostitución como un delito que es perseguible a nivel estadual, pero según la legislación adoptada por el Congreso en 1910 y conocida como «Ley Mann» se considera delito transportar a alguien entre dos estados para ejercerla.

    Aunque sobre Spitzer no pesa aún acusación de delito alguna, los expertos señalan que sí podría ser acusado de haber transportado a Kristen de Nueva York a Washington y que podría haber cometido irregularidades al haber intentado despistar al fisco dividiendo una transferencia bancaria de 40.000 dólares en favor de esa red en pequeñas cantidades para evitar que el banco informara al IRS.
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