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21 de mayo 2007 - 00:00

Acrecienta Bin Laden su sombra

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Cuando nos representamos el aspecto de Bin Laden en la actualidad, con 50 años, los occidentales imaginamos a un hombre que, carcomido físicamente por las enfermedades y psicológicamente por los reiterados golpes que Estados Unidos ha propinado a su causa, tiene un aire de ser mucho mayor que lo que corresponde a su edad: una figura delgada y adusta, arrastrándose de cueva en cueva a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán mientras las fuerzas de Estados Unidos le pisan los talones, rodeado quizá de un pequeño grupo de leales, pero marginado del resto del mundo, con lo que ahora se habría convertido en prácticamente inexistente su capacidad, en otros tiempos formidable, para planear espectaculares actos de violencia.

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Por lo que se refiere a Al-Qaeda, el grupo terrorista que Bin Laden fundó hace ya casi dos décadas, la información que se ha facilitado a los norteamericanos es que se trata de un grupo aislado y en declive, que atraviesa una situación delicadísima. Un informe del Espionaje Nacional sobre el que se levantó el secreto en setiembre de 2006 se abre con la observación de que «la campaña antiterrorista dirigida por los Estados Unidos ha perjudicado gravemente su liderazgo (de Al-Qaeda) y desbaratado sus acciones».

En una rueda de prensa mantenida al mes siguiente, el presidente Bush afirmó que «rotundamente, estamos ganando la guerra a Al-Qaeda. Los tenemos casi vencidos».

Hubo un tiempo en que esto era cierto. En los meses y años inmediatamente posteriores a la expulsión de los talibanes del poder en Afganistán, Al-Qaeda perdió su principal refugio y tuvo que batallar para reagruparse en las zonas al margen de la ley que se extienden a lo largo de la frontera de Afganistán con Pakistán. Sus dirigentes más importantes cayeron detenidos o muertos. Pasaron unos años durante los cuales el grupo no pudo organizar más que unos pocos atentados de envergadura.

Sin embargo, de Argelia a Afganistán y de Gran Bretaña a Bagdad, la organización que tiempo atrás se creyó que estaba al borde de la impotencia está recuperándose en la actualidad.

Los atentados a cargo de terroristas yihadistas se han multiplicado por siete -han aumentado en más de 600%- en los últimos tres años, según una investigación que hemos dirigido Paul Cruickshank y yo por encargo del Centro sobre la Ley y la Seguridad de la Universidad de Nueva York. Los terroristas yihadistas han llevado a cabo operaciones espectaculares en Madrid en 2004 y en Londres en 2005, así como múltiples atentados suicidas por todo Oriente Próximo y Asia, no sólo en Irak sino también en Egipto, Jordania, Arabia Saudita, Afganistán, Pakistán, la India e Indonesia.

Entretanto, los yihadistas se han introducido en el Cuerno de Africa; los esfuerzos de los talibanes por volver a convertir Afganistán en un Estado sin futuro parece que están cosechando éxitos y la rama iraquí de Al-Qaeda proclamó recientemente su soberanía sobre la vasta región de Al-Anbar, uno de los bastiones sunitas en el país.

  • Control ideológico

    Es posible que Bin Laden ya no pueda seguir llamando por un teléfono vía satélite para ordenar atentados, pero sigue teniendo el control ideológico y estratégico de Al-Qaeda con total plenitud en todo el mundo. Las más de 50 grabaciones de audio y video que Bin Laden y su número dos, Ayman al-Zawahiri, han hecho públicas desde el 11 de setiembre de 2001 han llegado a conocimiento de millones de personas en todo el mundo gracias a la televisión, a los periódicos y a Internet, lo que hace de ellas las declaraciones políticas que han conseguido una difusión más amplia en toda la historia. Estas grabaciones no sólo han tenido el efecto de mantener vivas las bases de Al-Qaeda, sino que además han contenido instrucciones específicas conforme a las cuales tenían que actuar los yihadistas.

    Cuando Bin Laden habla, sus seguidores le prestan atención y actúan.

    Por otra parte, la organización que Bin Laden fundó está experimentando un resurgimiento. La historia de este renacimiento comienza con su expulsión de Afganistán a finales de 2001.

    Desgraciadamente, el grupo no se disgregó; simplemente se trasladó al otro lado de la frontera, a las tierras de las tribus del oeste de Pakistán y en las que, en la actualidad, la organización terrorista mantiene en funcionamiento una red de campamentos de instrucción. Un ex agente del espionaje norteamericano destacado en Pakistán me ha asegurado que en la actualidad hay más de 2.000 combatientes extranjeros en esa zona. Los campamentos son modestos en cuanto a tamaño. «Algunos quieren ver cuarteles en toda regla. En realidad, los acampados utilizan los lechos secos de los ríos para las prácticas de tiro y se alojan en sitios con no más de 20 individuos, donde se les enseña una instrucción para mantenerse en forma y a fabricar bombas», explica un alto funcionario de los Servicios de Información Militar de EE.UU.

    * Periodista y analista político, y autor del libro «Osama de cerca».
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