Bruselas y Kabul (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Cinco años después de la invasión estadounidense de Afganistán, la OTAN extendió ayer sus operaciones militares a todo el país, que vive la peor ola de violencia de los últimos tiempos y el resurgir de los talibanes.
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La OTAN, que asumió por mandato de la ONU la Misión Internacional de Asistencia a la Seguridad en Afganistán (ISAF) el 9 de agosto de 2003 con unos 4.500 efectivos restringidos al área de Kabul, se extendió al este del país, con lo que pasó a controlar todo el territorio y a disponer de 32.000 soldados. Para ello no fue necesario reclutar nuevas fuerzas -un proceso siempre complicado dentro de la OTAN-, ya que unos 12.600 soldados de la operación antiterrorista «Libertad duradera» liderada por EE.UU. pasaron a estar bajo el mando de la ISAF mediante un sencillo cambio de insignias.
Esta es la primera vez desde la Segunda Guerra Mundial que un número tan grande de fuerzas estadounidenses se pone bajo el mando extranjero, ya que la ISAF estará comandada hasta febrero próximo por el teniente general británico David Richards.
Con ataques casi diarios y un fuerte aumento de los atentados suicidas, el país vive hoy la peor ola de violencia desde que el ejército estadounidense lo invadió hace cinco años, el 7 de octubre de 2001, tras los atentados del 11-S.
Si la estabilidad del país es más frágil que nunca, al otro lado de la ecuación los talibanes viven su mejor momento desde la invasión de EE.UU., con una presencia cada vez más sólida en las provincias del Sur y un creciente poder destructor que incluso ha afectado a la capital.
Atentados
Kabul fue el escenario de los peores atentados de los rebeldes, que el pasado 8 de setiembre incluso lograron matar a dos militares estadounidenses frente a la Embajada de EE.UU. en un ataque que acabó además con la vida de otras 16 personas.
Los talibanes han utilizado los ataques terroristas suicidas desde hace tiempo, pero no ha sido hasta 2006 cuando esta estrategia se convirtió en muy habitual en Afganistán. En 2004 murieron 15 personas en ese país en atentados con coches conducidos por suicidas, pero, en lo que va de 2006, casi 150 personas fueron asesinadas como consecuencia de este tipo de ataques.
Cinco años después, los talibanes, que gozan de una probada capacidad para moverse sin problemas entre Pakistán y Afganistán, son cada vez más fuertes y a los poderes extranjeros establecidos en este país les cuesta cada vez más mantener la apariencia de tranquilidad. Los grandes desafíos son, además, lograr avances visibles en la reconstrucción y luchar contra el narcotráfico, que proporciona 90% de la heroína que se consume en Occidente.
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