En el informe se afirma por otra parte que «al menos desde 1994 y hasta el verano de 2001, los servicios de inteligencia recibieron informaciones en el sentido de que terroristas contemplaban, entre otros métodos, utilizar como armas aviones de línea. Esas informaciones no suscitaron evaluaciones específicas por parte de los servicios de inteligencia ni la reacción del Estado sobre ese tipo de amenaza».
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