Se temió un atentado y hubo, por un instante, pánico mundial, pero luego se confirmó que fue un accidente. Una avioneta piloteada por un famoso beisbolista impactó ayer contra un rascacielos de 52 pisos en Manhattan. Sólo hubo dos muertos.
Abundante
fuego y una
densa nube de
humo negro
salían ayer del
edificio
chocado por
una avioneta
en Nueva York
(arriba). La
aeronave era
propiedad del
jugador de
béisbol Cory
Lidle (abajo).
Nueva York (EFE, AFP, Reuters, ANSA) -Los fantasmas del 11-S resurgieron ayer, luego de que una avioneta pilotada por, Cory Lidle, un conocido jugador de beisbol, se estrellara contra un edificio de departamentos en Manhattan, en un accidente en el que murieron el deportista y otra persona.
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La colisión provovó un voraz incendio en uno de los pisos de la construcción de 52 pisos, aunque no causó daños a la estructura del inmueble, gracias a que el avión era liviano y a que su motor y su estructura metálica cayeron a la calle. Inmediatamente, las fuerzas de seguridad realizaron un enorme despliegue, con decenas de coches de policía y camiones de bomberos. Según se informó al cierre de esta edición, el departamento contra el que chocó la aeronave estaba vacío, lo que hizo suponer que los dos fallecidos iban en la avioneta. El departamento de bomberos informó además de que once de sus efectivos y dos inquilinos del rascacielos tuvieron que ser atendidos por heridas leves en un hospital cercano.
Al menos dos horas pasaron hasta que se descartó la posibilidad de un atentado terrorista, lo que había suscitado grandes temores. El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, fue el primero en insistir, al igual que las autoridades federales, que el episodio había sido fortuito y que no había ningún indicio de que se tratara de un ataque.
También la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), la Administración Federal de Aviación de EE.UU. y la propia Casa Blanca indicaron entonces que no hay indicios que apunten a un ataque intencionado. No obstante, el presidente George W. Bush fue informado inmediatamente del siniestro.
Hasta que se despejaron las dudas, el Mando de Defensa Aérea de América del Norte ( NORAD) indicó que había ordenado el sobrevuelo de aviones caza por encima de algunas ciudades, tal como contempla el protocolo de actuación para casos de alerta.
Recuerdos trágicos
El propio gobernador del estado de Nueva York, George Pataki, reconoció que un hecho de esta naturaleza, después del 11 de setiembre, origina «recuerdos trágicos y aumenta la tensión».
«Me quedé ahí paralizado, pensé: no puede estar pasándonos lo mismo, otra vez», explicó Chris Foege, de 38 años, una representante comercial que pasaba cerca del lugar. «Era como el 11 de setiembre», agregó. Otra testigo, Diane Tarantini, explicó: «Estaba sentada frente al edificio. Oí un ruido agudo y fuerte, miré arriba y vi como un destello. Empezaron a caer cosas».
La avioneta había partido a las 14.29 hora local del aeropuerto Teterboro, en Nueva Jersey, donde normalmente operan aviones privados y helicópteros.
Tras sobrevolar la Isla de la Libertad, donde se encuentra la Estatua de la Libertad, el aparato se dirigió a Manhattan, donde recorrió el río Este, en el lado oriental de la isla, hasta que chocó contra el edificio, hacia las 14.45 hora local. La aeronave volaba bajo las reglas de «vuelo visual», que no requieren estar en contacto con los controladores de tráfico aéreo.
Bloomberg, explicó que los dos cuerpos, un hombre y una mujer, aparecieron en la calle, junto a los restos del avión. El propio entrenador de los Yanquees, Joe Torre, había revelado horas antes que el jugador, de 34 años y padre de un niño, era el propietario de la avioneta, el popular modelo Cirrus S20, con capacidad para cuatro personas.
Posteriormente, el propietario del equipo, George Steinbrenner, confirmó que el fallecido era Cory Lidle (ver aparte), que había obtenido la licencia de vuelo hacía un año y cuyo pasaporte apareció en la calle, junto a los restos de la avioneta.
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