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Sólo con la llegada al Ejecutivo de un personaje de peso, con una gran reputación tanto dentro como fuera de Italia, como es el caso de Monti, está convencido Berlusconi que puede conjurar, al menos de momento, las luchas desatadas dentro de su coalición y restaurar su autoridad.
«Súper Mario», como se lo conoce en Italia, cumple un lustro de permanencia en Bruselas, donde se ha ganado una gran reputación, afianzada desde 1999 como comisario de la competencia.
La cabeza de Tremonti, conocido por sus poderes como el
Alianza Nacional había hecho de la política económica su blanco predilecto tras la derrota del partido de Berlusconi, Forza Italia, en los recientes comicios europeos y locales. Al final, el afectado resultó Tremonti, hombre de confianza del primer ministro, al que ayudó decisivamente a regresar al poder en 2001 como artífice directo de cruciales pactos electorales.
La dimensión de este cese parece haber persuadido a Berlusconi de la necesidad de cubrir rápidamente el puesto, sin abrir formalmente una crisis, que según la práctica política italiana conlleva la dimisión de todo el gobierno para poder formar luego uno nuevo.
Berlusconi mantuvo anoche en Milán un primer encuentro con Monti, de 61 años. El premier quiere poner en marcha una política de «rigor» fiscal, que supondrá recortes de entre 5.500 y 7.000 millones de euros en el presupuesto.
Fuentes comunitarias, citadas en Roma por diversos medios, aseguran que ese compromiso de Berlusconi será suficiente para que no se concrete la advertencia por exceso de déficit que en su día le hizo la Comisión Europea a Italia, con un posterior plazo para rectificar, que se cumple precisamente hoy.
El nombre de Mario Monti, que ya rehusó en enero de 2002 a entrar en el gabinete para sustituir a
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