Blair apuesta ya a Unión dominada por los moderados
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Tony Blair
Blair se cree un hombre persuasivo -la reciente historia del país lo avala- y contempla la próxima presidencia británica de la UE como una ocasión inmejorable para llevar el nuevo laborismo al otro lado del Canal de la Mancha y convencer a 450 millones de europeos de la necesidad de liberalizar la economía, hacer más flexibles los mercados laborales, controlar la inmigración, crear nuevos mercados y abrir las puertas a Turquía.
El líder laborista no quiere dar pie a Chirac para que le devuelva la pelota de la guerra iraquí -cuando Londres denunció el veto de París a la segunda resolución de la ONU- y se produzca un enfrentamiento diplomático que empañe las «cuestiones reales» que han de afrontarse, y que a su juicio son la desregulación económica, la afirmación de un modelo que combine la libertad de los mercados con la justicia social, la gestión de la inmigración, la creación de empleo y nuevos mecanismos de decisión adaptados a la ampliación del club a veinticinco miembros. Blair piensa ya en una Europa con Nicolas Sarkozy en el Elíseo y Angela Merkel en la cancillería alemana. El premier británico cree que la corriente fluye a su favor, con la incorporación a la UE de países del Este que prefieren el neoliberalismo anglosajón al desprestigiado modelo social franco-alemán, y habla con la mano en el corazón -y no con el cinismo de los políticos- cuando afirma que el progresismo no consiste en reducir la jornada laboral y perpetuar los derechos de una fuerza laboral insolidaria y envejecida, sino en estimular la productividad, premiar el rendimiento y dar entrada a los jóvenes.




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