San Pablo (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - La campaña electoral de Brasil comenzó ayer de hecho al llegar a la televisión, la última oportunidad para que el candidato opositor Geraldo Alckmin reduzca la brecha que lo separa del favorito, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
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La justicia electoral repartió los minutos para cada postulante que, en cadena nacional, deberá aprovechar la televisión y la radio en su búsqueda de votantes entre los 125 millones habilitados para sufragar el 1 de octubre.
En el primer programa diario, en un horario central después del mediodía, Alckmin fue quien mostró indicios de lo que promete ser un duro duelo, al aludir a los casos de corrupción que sacudieron al país en el último año. Sin embargo, el socialdemócrata, de 53 años, se abstuvo de citar al Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, que incurrió en irregularidades administrativas y fue acusado de sobornar a legisladores con pagos mensuales.
La campaña del opositor, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), usó asimismo el espacio de TV para tratar de difundir a todo el país la imagen del candidato, relativamente poco conocido fuera del sur de Brasil.
En medio de música y filmaciones de Alckmin inaugurando obras y en otras actividades públicas, fue presentado como un administrador competente y gobernante con experiencia, adquirida en una carrera política que inició a los 19 años.
Por su parte, el presidente, de 60 años, asumió un tono aparentemente defensivo y, sin mencionar el escándalo en el PT, que sacudió a su gobierno, trató de diluir la responsabilidad del partido en la crisis, de la que salió ileso.
«La crisis ética que se abatió sobre el país es la crisis de todo el sistema políticoy no apenas de algunos partidos, o de determinados», afirmó en una breve alusión al caso durante los siete minutos de su espacio de propaganda.
Además, la campaña del mandatario insistió en exponerlo como un exitoso hijo de la clase social más humilde del país, que fue obrero, líder sindical y finalmente un político conocido en todo el mundo como presidente. «Salió del campo para la ciudad tan pequeño, un hijo del pueblo, con un gran destino. Es el primer presidente que tiene la cara del pueblo y el alma de su gente. Es Lula de nuevo, con la fuerza del pueblo», dice el jingle del PT.
Alckmin tiene un camino cuesta arriba para acortar la amplia ventaja de Lula, quien según las últimas encuestas ganaría en la primera vuelta electoral un segundo mandato si los comicios se realizaran ahora.
Confiando aparentemente en esa posición y eventualmente tratando de eludir un encuentro en el que tendría poco que ganar, Lula se abstuvo en la noche del lunes de asistir al primer debate televisivo entre los candidatos presidenciales.
Casi todos sus rivales consideraron su ausencia una «falta de respeto» al electorado y aprovecharon para lanzar irónicos dardos. «Vea, el presidente nunca vio nada, nunca supo de nada y, probablemente, tampoco sabía que hoy sería el debate», dijo el candidato José María Eymael, del Partido Social Demócrata Cristiano (PSDC), aludiendo al desconocimiento que dijo tener Lula de las irregularidades denunciadas en su partido.
Ante las fuertes críticas, el ministro de Relaciones Institucionales, Tarso Genro, defendió la ausencia de Lula. «Por el somnífero que fue el debate para el pueblo, el presidente no se arrepiente de no haber participado», dijo el funcionario.
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