George W. Bush le dio una efusiva bienvenida a Silvio Berlusconi en la última visita del italiano al Despacho Oval de la Casa Blanca, en enero.
Washington (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - La derrota electoral del jefe de gobierno italiano Silvio Berlusconi, tras las de José María Aznar en España y Pedro Santana Lopes en Portugal, significa la pérdida de otro aliado para el presidente norteamericano George W. Bush.
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Los gobernantes partidarios de la guerra se marcharon ya de España y Portugal, pero la derrota de Berlusconi le agregó un significado más profundo tras el generoso apoyo que le prodigó Bush durante una visita en Washington hace seis semanas.
«Ciertamente tenemos ganas de trabajar con quien quiera que sea el siguiente primer ministro», dijo el vocero del Departamento de Estado Sean McCormack. «
Italia es un buen amigo y aliado, y trabajaremos con ellos en varios asuntos», agregó.
Aplazamiento
Sin embargo, o quizá por esa alianza, EE.UU. aplazó ayer su valoración definitiva sobre los comicios en la península hasta que se aclaren ciertas « cuestiones abiertas» sobre los resultados. «Creo que todavía hay algunas cuestiones abiertas sobre el resultado electoral», declaró McCormack.
Analistas estadounidenses vieron el resultado como un nuevo revés para Bush en su objetivo de reparar los puentes con Europa y lograr apoyo internacional a su operación militar cada vez más impopular en Irak.
«Con la destitución de Berlusconi, Bush pierde un desenfadado aliado en Europa y el Medio Oriente», indicó el diario «The Washington Post», anunciando la salida del « extravagante magnate de los medios que se volcó a la política».
Cuando Berlusconi -el jefe de gobierno que más tiempo estuvo en el poder en Italia desde la II Guerra Mundial-, fue a Washington a fines de febrero esperando pulir su imagen, Bush le dio su virtual aprobación en el Despacho Oval.
Al italiano le permitieron dirigirse a una sesión conjunta del Congreso el 1 de marzo, donde se le otorgó el raro privilegio de hablar en su lengua materna, siendo fuertemente aplaudido por la mayoría republicana.
El premier eficazmente utilizó a Irak como un tema de su campaña electoral prometiendo retirar los 2.900 soldados hacia el final de año, mientras que Prodi dijo que él podría hacer eso «tan pronto como sea posible».
Apoyo
«Berlusconi presentó el apoyo a la administración de Bush, hasta en el caso de Irak, motivado por obligaciones históricas de Italia de lealtad y solidaridad con Estados Unidos», dijo Ettore Greco, del Instituto de Asuntos internacionales de Roma en un foro la semana pasada.
«Prodi articuló una visión diferente,» agregó la analista. «El, constantemente puso su énfasis en la necesidad de reforzar la autonomía de Europa y trabajar para una relación transatlántica más igual», acotó.
Precisamente ayer, en una entrevista con la emisora «France Info», Prodi dijo, en una aparente alusión a los miembros de su coalición, que «hemos decidido juntos» que el día en que el gobierno « empiece a trabajar», «tomaremos la decisión de retirar a las tropas». Matizó que esta retirada no se hará de un día para otro, sino con «la prudencia necesaria».
Julia Lynch, politóloga de la Universidad de Pensylvania, coincidió. Dijo que es poco probable que Prodi se alinee con la política exterior de Washington o en cuestiones comerciales. Bush perdió a dos aliados de guerra en 2004, cuando el gobierno de Aznar fue derrotado en España y el líder portugués Barroso renunció para encabezar la Comisión Europea.
Ahora es Tony Blair, el más fiel de los promotores de Bush y el defensor más visible de la invasión de Irak, el que está contra las cuerdas políticas por su apoyo a la guerra y una serie de controversias domésticas.
Blair ya declaró su intención de no ser candidato a un cuarto término, al tiempo que los sondeos publicados por los diarios locales mostraron que la mitad de votantes británicos piensa que el premier debería renunciar hacia el final de este año.
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