Moscú - El presidente ruso, Vladimir Putin, invitado sorpresa a la cumbre de la OTAN en Bucarest, llegará con la agenda llena de conflictos con los socios de la Alianza, aunque también podría optar por una vía de «reconciliación» en vísperas de abandonar el Kremlin.
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Los dirigentes de los 26 países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) se reunirán entre mañana y el viernes en Bucarest. Por primera vez, Putin participará en una cumbre y lo hará el último día, en una reunión especial Rusia-OTAN, sin que se conozca exactamente cuál será el papel que jugará el huésped del Kremlin.
Por un lado, Putin podría dar de nuevo un golpe sobre la mesa y mostrar su rechazo a dos políticas cruciales de la OTAN: su expansión hacia Europa del Este (Georgia y Ucrania aspiran a entrar en la Alianza) y su apoyo a la independencia de Kosovo. Sin embargo, teniendo en cuenta que cederá en breve la presidencia de Rusia a Dimitri Medvedev, el aún presidente ruso podría aprovechar su primera presencia en una cumbre de la Alianza Atlántica (desde la creación en 2002 del Consejo OTAN-Rusia) para hacer concesiones.
Una de ellas sería permitir a la OTAN crear una vía de transporte terrestre en dirección al norte de Afganistán, una iniciativa sin precedentes en materia de cooperación.
El representante de Rusia en la OTAN negó que la colaboración rusa con la Alianza esté supeditada a que la organización rechace la adhesión de Ucrania y Georgia. La entrada en la organización atlántica de estas dos ex repúblicas soviéticas será uno de los temas que se tratarán en la cumbre. La mitad de los países miembros de la OTAN, encabezados por Estados Unidos, apoya la candidatura de estos dos países a formar parte de la organización, mientras que la otra mitad, liderada por Alemania, se opone con los argumentos de que la iniciativa divide a la población ucraniana y para no molestar a la vecina Rusia. Otros acuerdos de colaboración podrían surgir de las conversaciones que Putin mantenga con su homólogo estadounidense, George W. Bush, primero en Rumania y posteriormente, el sábado, en la localidad rusa de Sochi.
Bush, deseoso de mejorar su imagen internacional antes de abandonar la Casa Blanca a fin de año, se declaró «optimista» en cuanto a las posibilidades de vencer las reticencias de Moscú a la instalación de un escudo antimisiles en Polonia y en la República Checa.
Rusia considera que tanto el escudo antimisiles como la expansión de la Alianza Atlántica hacia lo que en el pasado fue el bloque comunista es una medida de aislamiento a Moscú y un incumplimiento de las garantías dadas por Occidente tras la caída de la URSS.
Otro asunto discordante, el tratado de limitación de armas convencionales en Europa (FCE), también será abordado en Sochi, según fuentes del Kremlin.
Para el editor de la revista «La Rusia», Fiodor Lukianov, la cumbre de Bucarest terminará con el rechazo de la OTAN a la adhesión de Ucrania y Georgia a cambio de que Rusia haga concesiones en el tema del escudo antimisiles. «Ninguna de las dos partes desea actualmente un conflicto y creo que simplemente se pondrán de acuerdo para no acordar nada y decir que continuarán trabajado», concluyó el periodista especializado en política internacional.
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