George Bush y Alvaro Uribe ayer, al encontrarse en Bogotá. La lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, y la apertura comercial figuraron en la agenda.
Bogotá (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El presidente estadounidense, George W. Bush, analizó ayer junto con su homólogo colombiano, Alvaro Uribe, la continuidad del plan de lucha antidrogas y prometió que trabajará intensamente en la aprobación en el Congreso del Tratado de Libre Comercio (TLC) en Bogotá, ciudad que lo esperó con 21.000 uniformados en pie de guerra para protegerlo tanto de la guerrilla como de las violentas protestas de sindicatos y grupos políticos.
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El avión Air Force One que transportó a Bush llegó a la capital colombiana procedente de Montevideo, en el marco de una gira por cinco países de Latinoamérica que ya incluyó a Brasil y Uruguay, y que seguía anoche en Guatemala y México.
En el momento de la llegada, un grupo de casi 5.000 manifestantes, que se había apostado en los alrededores de la plaza de toros intentó burlar el cerco policial y se enfrentó a pedradas con los uniformados, que lanzaron gases lacrimógenos. Los ventanales de decenas de comercios y sedes bancarias fueron atacadas. Por estos episodios detuvieron a 34 personas y dos resultaron heridas.
Bush que permaneció sólo siete horas en esta ciudad, fue recibido en el aeropuerto por el canciller Fernando Araújo y abordó la limusina con la que recorrió casi siete kilómetros, con una caravana que incluía 70 vehículos blindados, hasta la Casa de Nariño, sede de la presidencia, en el corazón del centro histórico de la ciudad.
Bogotá espera que el Congresoestadounidense apruebe este año el TLC alcanzado entre los dos países en 2006 y la continuidad de la ayuda para lucha antidrogas y contrainsurgente del llamado Plan Colombia, al que Washington ha entregado 4.000 millones de dólares desde 2000.
Acuerdo jaqueado
Sobre el acuerdo comercial, Bush aseguró que «trabajaré intensamente para su ratificación» y «la extensión de los beneficios que reporta el comercio, para que ambos países puedan disfrutarlos». La mayoría legislativa de la oposición ha puesto en jaque el acuerdo alcanzado el año pasado, pero, aunque la Casa Blanca se resigna a no cerrar nuevos tratados, al menos quiere hacer aprobar los ya alcanzados.
La alianza de Washington y Bogotá enfrenta las críticas del partido Demócrata, que ahora es mayoría en el Congreso estadounidense y que exige más compromiso de Colombia con el respeto a los derechos humanos y cuestiona los vínculos de políticos cercanos a Uribe con los grupos paramilitares de ultraderecha. En ese sentido, Bush expresó su apoyo a su principal socio en América del Sur, «al que estoy orgulloso de llamar amigo y aliado estratégico».
Sobre el escándalo, Bush aseguró que «este país vivió momentos muy duros, y la mejor manera de sanar esas heridas es garantizar una justicia justa y rápida». Los dos mandatarios abordaron también la política migratoria de EE.UU. y Bush aseguró a Uribe que «una de mis prioridades es la reforma migratoria».
Por temor a una acción de las FARC, las medidas de seguridad en la capital colombiana fueron extremas. El centro histórico fue blindado y se impidió el acceso de transeúntes, mientras que francotiradores se colocaron en edificios altos y en los cerros que rodean la ciudad por el este. Tenemos un plan especial de vigilancia que contempla un radio de 7 kilómetros alrededor», dijo el general Gustavo Matamoros, responsable por el ejército del plan de seguridad.