Washington (AFP, EFE) - El presidente estadounidense, George W. Bush, reclamó ayer al Consejo de Seguridad de la ONU que imponga rápidamente sanciones a Irán si ese país persiste en rechazar una suspensión de su programa nuclear antes del 31 de agosto.
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«Es bueno tener fechas límite, pero lo que realmente cuenta es la voluntad», declaró Bush en una conferencia de prensa en la Casa Blanca. «Si alguien se burla del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, eso tiene que tener consecuencias», afirmó.
El Consejo de Seguridad de la ONU emplazó a Irán hasta el 31 de agosto para suspender las partes más controvertidas de su programa nuclear, que la comunidad internacional sospecha podría tener fines militares.
«Trabajaremos con la gente del Consejo de Seguridad para alcanzar este objetivo», añadió.
Y para ello «seguiremos señalando a nuestros amigos y a nuestros aliados el peligro que representaría un Irán dotado de armas nucleares».
«Lo que resulta interesante con la violencia en el Líbano, Irak y Gaza, es que se trata de grupos terroristas que tratan de frenar los avances de la democracia.Corresponde a la comunidadinternacional entender esa amenaza», afirmó el mandatario.
«Eso es lo que nosotros queremos. Y la comunidad internacional debe comprender la amenaza. Cuando Hizbollah lanzó su primer ataque con cohetes sobre Israel, dije que se trataba de un momento de esclarecimiento, una ocasión para que el mundo vea las amenazas del siglo XXI», añadió.
Irán «es obviamente parte del problema», al «alentar un tipo radical de islam» y « respaldar» precisamente al movimiento chiita libanés.
«Quiero desde luego solucionar este problema por la vía diplomática. Y creo que la mejor manera de conseguirlo es lograr que haya más de una voz para que el mensaje llegue a Irán», dijo Bush al evocar las distintas potencias implicadas en el proceso, «paísestan diferentes como China, Rusia, los tres europeos ( Alemania, Gran Bretaña y Francia) y Estados Unidos».
Los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia) junto con Alemania le propusieron el 6 de junio a Irán una serie de incentivos a cambio de que ese país renuncie al enriquecimiento de uranio.
Oficialmente civil, esta parte del programa nuclear iraní podría permitirle a Teherán desarrollar una bomba atómica, y la comunidad internacional intenta hacer que el régimen islamista se someta a los controles de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Irán anunció que hoy daría una respuesta oficial al ofrecimiento de las seis potencias, pero varias autoridades declararon ayer que una suspensión del programa es «imposible» (ver vinculada).
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