La Habana (Reuters, AFP) - En una nueva, aunque aún tímida señal de liberalización económica, el nuevo dictador de Cuba, Raúl Castro, levantó ayer la prohibición para que pequeños agricultores compren insumos y herramientas. Con todo, la medida tiene escaso impacto, dado que esas operaciones sólo podrán realizarse en pesos convertibles, accesibles por tanto sólo a quienes tengan acceso a divisas duras.
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La población cubana no cobra sus magros ingresos en pesos convertibles, a los que sólo acceden quienes trabajan en turismo o los que reciben dinero del exterior. Un peso convertible (CUC) cuesta 24 pesos cubanos o 1,08 dólar.
Por primera vez desde la década del 60 los agricultores van a poder entrar a un comercio y comprar los materiales que precisan para producir más alimentos. «No parece demasiado, pero es un primer paso muy importante», dijo un experto local que pidió no ser identificado. «Es una grieta de mercado en el monopolio y la centralización que, seguramente, se expandirá», añadió.
Las nuevas tiendas ofrecen machetes, limas, rastrillos, hachas, palas, así como botas de goma y cuero. «Hemos vendido machetes, limas y botas de goma, pero los precios son altos», dijo la empleada y «algunos no pueden comprarlos». Las limas cuestan 3,75 pesos convertibles, los machetes 4,75 y las botas van de 6,85 a 7,45 CUC, entre otros precios.
Escasez
Raúl Castro, que reemplazó interinamente a su convaleciente hermano Fidel en julio del 2006 y lo sucedió el 24 de febrero en la Presidencia, busca reanimar la producción agrícola para paliar la escasez de alimentos, que genera un gasto anual de 2.000 millones de dólares en importaciones.
Economistas cubanos argumentaron que el monopolio estatal sobre los insumos y la producciónagrícola frena la productividad porque no premia a los mejores ni penaliza a los peores, lo que ofrece pocos estímulos para el desarrollo. Según esas opiniones, son necesarios más mecanismos de mercado en la oferta de materiales, la producción y también la distribución de las cosechas.
Por su parte, los agricultores se quejan de que el sistema dominado por el Estado funciona a menudo mal, dejando que las cosechas se pudran. Asimismo, durante un reciente viaje por el interior del país, los ganaderos afirmaron que deben esperar meses para que el Estado pague el queso que producen o que el forraje para alimentar a los cerdos llegaba de manera irregular.
Con las importaciones de alimentos en alza y los consumidores disconformes con los precios en el mercado doméstico, Raúl Castro transformó la producción agrícola en una de sus prioridades.
Cuba tiene unas 250.000 granjas familiares y 1.100 cooperativas privadas que administran menos de una tercera parte de las tierras. A cambio de insumos que les asigna el Estado, deben cultivar determinados productos o criar cierto tipo de ganado que luego venden al gobierno a precios regulados. El resto de la tierra es propiedad del Estado, de la cual 50% es trabajada por cooperativas que no son dueñas del terreno y el resto yace ocioso. El sector agrícola representa una isla de propiedad privada en una economía controlada en 90% por el Estado.
Este nuevo anuncio se conoce pocos días después de que el gobierno informara la liberación inmediata de la venta de computadoras, reproductores de DVD y otros electrodomésticos. La comercialización de estos artículos se encontraba bajo prohibición desde la década del 90, debido a la crisis que provocó la caída de la Unión Soviética en la generación y distribución de electricidad.
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