Pese a que Donald Trump y Xi Jinping planean reunirse el próximo mes para estabilizar su relación, la tensión crece debido a la competencia por la inteligencia artificial y el petróleo iraní. En la última semana, Washington planteó su postura sancionando a una de las mayores refinerías privadas chinas por sus vínculos con Teherán. La presión ya alcanzó al sector financiero: el secretario del Tesoro, Scott Bessent, advirtió a los bancos chinos que podrían sufrir sanciones si facilitan ingresos al régimen iraní, un mensaje que su departamento reforzó este martes al instar a las instituciones a romper cualquier lazo con dichas actividades.
Donald Trump y Xi Jinping buscan estabilizar la relación bilateral en medio de fuertes disputas por Irán e IA
Tras intensificar la vigilancia sobre los acuerdos de Pekín con el régimen iraní, el gobierno estadounidense sancionó esta semana a una refinería clave en la estructura energética privada de China.
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Donald Trump y Xi Jinping.
Pekín vetó la oferta de u$s2.000 millones de Meta por la startup Manus, marcando un hito en su política de retención de innovación. En paralelo, China lanzó nuevas directrices de fabricación este mes que desafían a las empresas extranjeras: aquellas que sigan los controles de exportación estadounidenses deberán considerar el traslado de sus cadenas de suministro para evitar las nuevas exigencias locales.
"EEUU y China son como dos placas tectónicas que se empujan la una contra la otra", expresó Ben Kostrzewa, abogado especializado en comercio internacional de Hogan Lovells y antiguo funcionario de comercio de EE.UU. "La relación puede parecer estable aunque aumente la presión entre ambos, pero hay muchos puntos diferentes en los que esto podría estallar", agregó.
Aumenta la tensión entre Trump y Xi Jinping
A medida que se acerca el encuentro, tanto Washington como Pekín aprovechan el margen de negociación para fortalecer sus cadenas de suministro, restringir el acceso a propiedad intelectual clave y maximizar su capacidad de presión política.
Xi Jinping busca reducir la dependencia de los chips de EEUU para restarle ventaja táctica a Trump en las negociaciones. Pero esta fortaleza tecnológica contrasta con una fragilidad energética severa: la presencia estadounidense en el Golfo Pérsico amenaza el suministro del país que más gas recibe por el Estrecho de Ormuz. Con un 40% de sus importaciones de petróleo provenientes de Oriente Medio, Pekín tiene poco margen de maniobra ante cualquier interrupción en la zona.
La aparente incapacidad de Trump para frenar la guerra en Irán fue calificada como una "humillación" por el líder de Alemania, marcando su entrada a la cumbre. Ante esto, la estrategia de la Casa Blanca apunta a cortar los ingresos que Pekín le garantiza a Teherán, al ser China el destino del 90% de las exportaciones de petróleo iraní, bloquear ese flujo se convierte en la herramienta principal para forzar una mesa de diálogo.
La Casa Blanca declinó hacer comentarios sobre posibles sanciones a bancos chinos. El Ministerio de Asuntos Exteriores chino instó a EEUU a que "deje de imponer sanciones voluntariamente y de utilizar la jurisdicción de brazo largo".



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