Mientras, ominoso anticipo de una realidad que puede no resultarnos ajena en el futuro si no se toman aquí medidas urgentes, Colombia intenta convivir con su drama. Un ejemplo de esto es la reciente aprobación de una ley en la Legislatura de Bogotá, según la cual se exceptúa del pago de impuestos por un máximo de diez años a los ciudadanos retenidos en cautiverio. Una dolorosa adaptación a la realidad.
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