El presidente de EEUU Barack Obama inauguró el viernes por la noche la cumbre del G8, tras haber insistido junto con su par francés, François Hollande, sobre la necesidad de generar crecimiento económico, un tema que dominará el encuentro que culmina el sábado.
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Obama recibió en su residencia campestre Camp David, al noroeste de Washington, a los dirigentes de la Unión Europea, José Manuel Barroso y Herman van Rompuy, así como a los líderes de Gran Bretaña, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Rusia.
Los participantes a la cumbre participarán el viernes de una cena de trabajo en la que tratarán los temas urgentes de la esfera internacional, especialmente el programa nuclear de Irán, poco antes de la reanudación de las discusiones entre la república islámica y el "grupo de los seis".
El programa nuclear de Corea del Norte también figura entre los temas urgentes, así como la sangrienta sublevación contra el régimen sirio y la transferencia de la seguridad a las fuerzas Afganistán.
Este último tema será crucial en la cumbre de la OTAN, que se celebrará el domingo y lunes en Chicago (Illinois, norte de Estados Unidos). El sábado, los dirigentes del G8 se reunirán en cinco sesiones de trabajo para hablar de cuestiones de seguridad alimentaria, pero sobre todo, de la crisis de la deuda en Europa y de la elección que se debe hacer entre políticas de rigor o de crecimiento.
Tras ser recibido por primera vez en la Casa Blanca desde que asumió su mandato el martes, el presidente francés aseguró que su par estadounidense "marcó una convergencia" de puntos de vista con Francia, a favor del crecimiento.
Hollande, también se declaró favorable a la intervención de "mecanismos de solidaridad europea" para impulsar los esfuerzos de recapitalización de los bancos españoles. Tras la reunión entre ambos dirigentes, Obama anunció que evocará "un enfoque responsable de la austeridad presupuestal, conjugado con medidas enérgicas para el crecimiento".
En oposición al rigor profesado por la canciller alemana Angela Merkel, Hollande y el jefe de gobierno italiano, Mario Monti desean orientar las políticas económicas de sus países hacia un mayor crecimiento.
En momentos en que el bloqueo político en Grecia hace temer un regreso del país al dracma como moneda y abandonar el euro, Hollande subrayó que él y Obama tenían "la misma convicción de que Grecia debe permanecer en la zona euro".
Washington, cuidándose de no parecer intervencionista, subrayó que la resolución de la crisis sigue siendo responsabilidad de los dirigentes europeos, que se reunirán el 23 de mayo.
Desde que llegó al poder en 2009, en plena crisis económica y luego de haber promulgado un plan de ayuda masivo, Obama instó a los europeos a trabajar por el crecimiento, pero muchos se negaron, incluyendo aliados tan cercanos como el británico David Cameron.
De cara a la elección presidencial el 6 de noviembre, en las que disputará un segundo mandato, Obama dice con frecuencia estar preocupado por los "vientos adversos" que Europa le propina a la actividad económica de Estados Unidos.
La cumbre del G8 se caracteriza por una ausencia: el presidente ruso, Vladimir Putin, no participará de la cumbre, delegando la tarea a su predecesor y primer ministro Dmitri Medvedev.
Moscú y Pekín habían bloqueado la aprobación de resoluciones contra el régimen sirio de Bashar al Asad en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Sobre Siria, un alto funcionario ruso, Vadim Loukov, afirmó a la prensa en Washington que su país seguiría "defendiendo (su) posición en esta cumbre". Por otra parte, Hollande declaró que su decisión de retirar las tropas francesas de combate de Afganistán a fines de 2012 "no es negociable".
El mandatario francés también mantuvo el viernes un primer encuentro bilateral con su par británico donde destacaron la importancia de la cooperación militar y acordaron reunirse próximamente en Londres.
"Hemos hablado de la cooperación en materia de defensa, donde Gran Bretaña y Francia son estrechos aliados y trabajan juntos para su beneficio mutuo", declaró Cameron tras la reunión celebrada en la embajada británica de Washington.
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