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12 de marzo 2004 - 00:00

Conmoción por grave ataque con 192 muertos en España. Sería Al-Qaeda

El horrendo atentado de ayer en Madrid -casi 200 muertos y más de 1.400 heridos-ratifica que el 11 de setiembre de 2001, en Nueva York, dividió las aguas del caudal de la historia. Entramos desde allí en un futuro donde el gran problema será el terrorismo. Se suma al otro flagelo que iniciamos en Hiroshima en 1945 con la era nuclear. Por más repudiable que sea el accionar asesino del grupo terrorista ETA de España, no se imaginaba, hasta anoche, tremenda barbarie de colocar para su estallido entre connacionales simultáneamente 13 bombas -de las que explotaron 10-en tres estaciones de trenes y cuatro convoys circulando atestados de pasajeros. Quizá ni sea ETA, que ayer no reivindicó la masacre, pero tiene en su pasado reciente antecedentes en relación con el uso ferroviario para su terrorismo. Puso bombas en vías y en 1979 colocó dos en lockers de la estación Chamartín. Pero, aun en la confusión hasta anoche, no se descartaba que el atentado madrileño de la víspera, con tanto salvajismo, fuera obra del fundamentalismo islámico, más concretamente de Al-Qaeda, el grupo que aún dirige el jefe extremista Osama bin Laden. Sería una consecuencia directa del atentado del 11 de setiembre en las Torres Gemelas y un castigo a España por haber participado, con efectivos, en el derrocamiento del dictador Saddam Hussein en Irak. Vendrá el dolor buscado por los bárbaros, pero no reivindicación alguna para el terrorismo. Siempre que se provoca miedo, hay aferramiento al gobierno existente. Probablemente, John F. Kerry, en Estados Unidos, haya perdido desde ayer adeptos para la elección presidencial de noviembre en favor de George Bush, quien sostuvo siempre que el terrorismo nunca se detiene y que hay que combatirlo hasta en sus amenazas. También debió perder votos José Luis Rodríguez Zapatero, en la propia España, frente al candidato continuador del actual jefe de Gobierno, José María Aznar, el candidato Mariano Rajoy, en elecciones que habrá el próximo domingo. Y quizá también el británico Tony Blair. En la Argentina estamos reivindicando mal, vengativamente, el terrorismo de los años '70. No porque se recuerde ni porque se juzgue una represión de Estado ciertamente brutal al extremismo, sino porque no ver también la barbarie del otro lado o sea el llorar con un solo ojo -habitualmente el izquierdo en esta época- es desdibujar la realidad. Los enfoques parciales de los gobiernos, su falta de equidad, de equilibrio, quitan sustentabilidad a los pésames que, inevitablemente, tendrá que acercar el gobierno al sufrido pueblo español en esta hora tan aciaga, tan dolorosa por la inmolación de tantos inocentes.

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Uno de los trenes atacados ayer por terroristas en la estación Atocha de Madrid y heridos que esperan atención minutos después de las explosiones.


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