Dominique de Villepin, primer ministro de Francia, teme que la polémica desatada por su plan de reformar la rígida ley laboral de su país dé por tierra con su proyecto presidencial para el año próximo.
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Para la próxima semana se ha programado una jornada de protesta, la cuarta de este tipo en menos de dos meses. Sin embargo, los sectores más duros no pudieron imponer su pretensión de llamar a un paro general.
El sábado, entre 500.000 y un millón y medio de manifestantes desfilaron por las calles del país para defender su causa, que no acaba de convencer al gobierno. Y es que, aunque se declara dispuesto a dialogar, el primer ministro,
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