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24 de enero 2007 - 00:00

Crece la presión para que China no militarice espacio

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Pekín (EFE, ANSA) - China confirmó ayer el lanzamiento de su primer misil antisatélite, pero aseguró, frente a los temores de EE.UU., Japón y la Unión Europea, que no tiene intención de iniciar una carrera armamentista en el espacio como la que Moscú y Washington mantuvieron en los años 80.

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Después de 12 días de silencio, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Liu Jianchao, reconoció ayer en rueda de prensa la prueba balística, y añadió que se decidió informar de ello a posteriori «ante las preocupaciones de países como Estados Unidos y Japón».

A esos temores se sumaron los de la Unión Europea, que señaló ayer en un comunicado que «la prueba de un arma antimisiles es irreconciliable con los esfuerzos internacionales para prevenir una carrera de armas en el espacio y debilita a la seguridad en el espacio exterior».

La UE pidió también que todos los países firmantes del Tratado del Espacio Exterior (entre los que figura China) «cumplan sus compromisos» de realizar sus actividades espaciales de acuerdo con la legalidad internacional y manteniendo la paz y la seguridad.

  • Uso pacífico

  • Sin embargo, Liu aseguró que el lanzamiento respetó las leyes internacionales y subrayó que «en esta ocasión no ha amenazado a ningún país». Además reiteró que Pekín «siempre ha abogado por un uso pacífico del espacio exterior, se opone a una carrera armamentística en el espacio y nunca participará en ella».

    China disparó con éxito, el 11 de enero, su primer misil antisatélite para destruir un viejo satélite meteorológico, lo que desató protestas de gobiernos como EE.UU., Japón, Australia, Corea del Sur y Canadá.

    Con el lanzamiento, el gigante asiático se convierte en el tercer país del mundo en efectuar este tipo de prueba, después de que lo hicieran en la década de los 80 EE.UU. y la URSS, en los últimos años de la Guerra Fría.

    La nueva arma supone que China podría derribar satélites espías de otras naciones, lo que avivó los temores especialmente en EE.UU., líder indiscutible del espacio tras el ocaso de la URSS, ante una posible carrera armamentista espacial.

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