Ocho meses después de los atentados contra el World Trade Center de Manhattan, los neoyorquinos pusieron fin ayer a los trabajos de recuperación con una ceremonia luctuosa. Al servicio acudieron personalidades políticas, socorristas y familiares de las víctimas, que llegaron a 2.800 y de las cuales la mayoría aún no ha podido ser identificada.
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Las nuevas reglas dispuestas por el Departamento de Justicia abolieron una serie de restricciones, en vigor desde los años '70, que prohibían a los agentes federales vigilar a los ciudadanos norteamericanos sin autorización del cuartel general de Washington.
Los agentes podrán infiltrarse en lugares hasta ahora prohibidos como organizaciones religiosas y políticas, iglesias, mezquitas y librerías, y «en todo lugar público», además de vigilar sitios de Internet.
La iniciativa provocó inmediatas protestas de los grupos de defensa de las libertades civiles.
Las restricciones habían sido puestas en práctica hace tres décadas, después del descubrimiento de que el FBI realizaba una amplia vigilancia de pacifistas y representantes de los derechos civiles, como
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