Fidel Castro es un hábil narrador y entusiasmó a los argentinos contando cómo viven los cubanos bajo el régimen comunista. Ante la Facultad de Derecho habló de salud y educación. Omitió decir que la universidad cubana es gratuita, pero el ingreso restricto. Un enviado especial de este diario cuenta cómo es la vida cotidiana en Cuba. Hay aciertos y fracasos del régimen y también mala información. Por ejemplo, Fidel Castro no prohíbe a nadie irse de Cuba, pero si un cubano llega por vía normal a EE.UU. no lo dejan entrar sin visa y mucho menos trabajar. Si llega en balsa a la Florida, en cambio, le dan status de refugiado político. Los colegios son impecables y el nivel de educación es alto, pero los conocimientos no se pueden aplicar con amplitud porque sólo se puede leer lo que autoriza el gobierno. Se controla lo que se escribe. Internet y la televisión por cable están prohibidas. Cuba tiene dos bloqueos: el que le impuso EE.UU. y el de Fidel Castro, que la aísla con más eficacia del mundo.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La isla muestra un esplendor extraño. Por las calles de La Habana circulan Chevrolet Belair en sus versiones 1956 y 57, Impala, Plymouth, Ford 1954 y otras joyas de Detroit, cuando el largo de los autos y el tamaño de los motores marcaban el status. La Habana, en algunas partes, se asemeja a un decorado de Hollywood que representa la década del '50. Los autos integran ese decorado, porque de sus partes originales queda poco y nada. Sus carburadores son Lada, sus tanques de naftas son de jeeps rusos y tienen repuestos de camiones Gaz. Sus carrocerías están reconstruidas por admirables artesanos y sus pinturas bicolores son otra obra maestra de chapistas.
Las residencias más esplendorosas y las casonas descuidadas son de los años de Fulgencio Batista. «La habitaban jefes mafiosos», le cuentan al visitante para asociar riqueza con inmoralidad. La calle principal de la zona de embajadas es la 5ta. Avenida. Nadie se interesó por cambiarle el nombre.
Fuera del barrio residencial aparecen los monoblocks del socialismo cubano que ya no se construyen al ritmo de hace 20 años cuando eran abastecidos por la Unión Soviética. La gente vive hacinada en ellos. El divorcio de matrimonios es un drama ya que no consiguen casas para hacer vidas separadas. Como están prohibidas las viviendas precarias, no hay villas miseria. Desde la calle no se ve el hacinamiento y en Cuba la imagen es tan importante como las falsas estadísticas.
Los privilegiados son los enfermos de sida, enfermedad de la que no hay estadísticas pero sí infectados. Ellos tienen un barrio con casas bien cuidadas. La atención hospitalaria es impecable, pero faltan remedios y elementos esenciales.
Dejá tu comentario