La Habana - Los mercados de productos agropecuarios que se rigen por la oferta y la demanda en La Habana reaccionaron ayer con estantes vacíos, puestos desabastecidos y augurios de que la situación «irá mucho peor», tras la decisión del gobierno de responder policialmente a las subas de precios.
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Un día después de que los mercados financieros internacionales cayeran estrepitosamente debido al rechazo del plan de salvamento presentado por el presidente de EE.UU., George W. Bush, en Cuba vivieron su particular martes negro los mercados agrícolas, que hasta ahora tenían la potestad de marcar sus precios.
El gobierno anunció el lunes que los llamados agromercados tendrán que vender «provisionalmente» algunos «productos básicos» a los precios de antes de que los huracanes Ike y Gustav devastaron Cuba entre el 30 de agosto y el 9 de setiembre, dejando pérdidas de más de 5.000 millones de dólares. Según una nota oficial, «cualquier intento de violar la ley recibirá una rápida y enérgica respuesta» y «los tribunales aplicarán con el máximo rigor el Código Penal vigente a quienes delincan en las circunstancias especiales actuales».
La respuesta no se hizo esperar y algunos de los mercados más importantes de La Habana mostraron ayer hasta 80% de puestos de venta vacíos, y productos como los pimientos, las cebollas, el ajo o el pepino desaparecieron. «¿Pimiento? Olvídate, eso no lo vas a encontrar, no pierdas el tiempo. No hay», dijo un vendedor en el principal agromercado del barrio habanero de El Vedado.
El gobierno optó por apretar las tuercas ante la escalada de precios experimentada en los mercados y que en algunos productos llegó a ser de 300%. Paralelamente, lanzó una campaña en los medios de comunicación atacando duramente a «acaparadores» y « especuladores que trafican con productos robados».
El ex presidente Fidel Castro, primer secretario del gobernante Partido Comunista, ordenó en un artículo reciente combatir el robo, los privilegios, el consumismo, la corrupción y la «blandenguería».
Sin embargo, la decisión de las autoridades de subir los precios de los combustibles hasta 80% el mismo día en que Ike llegaba a Cuba y el desastre dejado en el campo por los huracanes se han sentido de forma inmediata.
Detrás de un puesto en el que sólo había paltas, Agustín explicó que el campesino que le suministra cebollas le dio un precio -»autorizado» por el gobierno, subrayó- de 10 pesos (unos 40 centavos de dólar) por cada medio kilo, exactamente el mismo que tiene marcado la tablilla de venta del mercado en el que trabaja. «¿Qué hago yo? No vendo», afirmó mirando al resto de puestos vacíos en los que hasta ayer se despachaban las mercancíasque ya escaseaban en los últimos días. Frente a las cuatro calabazas que quedan en su puesto, otro vendedor afirma resignado que «no hay nada» y dice que en cuanto termine de despachar las existencias que tiene se irá a casa, a sentarse y ver la televisión. «Esto está mal y se va a poner mucho peor», agregó, sin dar el nombre.
En el mercado callejero ilegal, el paquete de 30 huevos, que hace tres semanas costaba alrededor de 2 dólares, se ha disparado y ayer ya estaba a 5, y lo mismo pasaba con las papas.
Un vendedor ilegal explicó que el precio del paquete de huevos que los campesinos venden a la industria pastelera -cuando hay- ya está a 3 dólares. «Si a mí me aprietan, yo aprieto», dijo.
Un analista indicó que la intervención del mercado libre agropecuario es «un cambio en las reglas del juego» que «tensa la cuerda y va directo contra un sector que se movía con independencia», al tiempo de poner en evidencia «lo tocado que está el sector alimentario» en Cuba. En su opinión, el recurso policial para controlar el mercado no será coyuntural, porque hubo una «pérdida muy grande en el campo en un momento en el que la situación ya era sensible. Este era ya un mal año económico antes de los ciclones», dijo.
Para un observador europeo, «el problema principal es el desabastecimiento, porque el problema de los precios se resuelve con aumento de oferta». «Pero no es tan obvio que vayan a poder satisfacer la demanda y creo que medidas como la del lunes denotan el miedo de las autoridades a que se les vaya la situación de las manos», agregó.
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