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4 de abril 2005 - 00:00

Dolor por la muerte del Papa más destacado de los últimos siglos

Mientras la Curia Romana rendía ayer su último homenaje a Juan Pablo II, más de 130.000 fieles colmaban la Plaza San Pedro para participar de una conmovedora misa en su memoria. A partir de hoy será el turno del tributo de la gente, quienes dispondrán de tres días para ver por última vez a su amado Papa. Se estima que dos millones de personas arribarán a Roma desde todos los rincones del mundo. George W. Bush, Lula da Silva y otros líderes mundiales concurrirán al funeral, que podría desarrollarse el jueves para, luego sí, abrir ya paso a la sucesión. Juan Pablo II fue, junto al ex presidente de EE.UU. Ronald Reagan, el hombre más decisivo en la caída del totalitarismo comunista en Europa, basado en una ideología extrema que costó más de 100 millones de vidas. Más allá de haber sido un notable defensor de la vida y la libertad, o acaso precisamente por ello, Karol Wojtyla fue un pontífice trascendental en la historia moderna de la Iglesia. La condujo con pulso firme durante más de 26 años, por lo que es natural que su desaparición la suma en el dolor y también en la confusión. La sucesión de Juan Pablo II reabrirá la lucha interna entre los sectores más apegados a la doctrina tradicional y otros que ansían una fuerte renovación. Otro frente de polémicas será en qué región debe recaer el nuevo papado: en Italia, retomando una centenaria primacía quebrada por el pontífice polaco, o en el Tercer Mundo.

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Juan Pablo II era velado ayer en el hall Clementina del Vaticano mientras más peregrinos convergían en Roma.


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Los asistentes a la celebración litúrgica de la Divina Misericordia, cubierto de nubes en Roma, aplaudieron repetidamente cada vez que se nombraba al Papa ausente.

Esos aplausos se convirtieron en aclamación cuando el arzobispo argentino Leonardo Sandri leyó, tras el rezo del Regina Coeli con el que concluyó la ceremonia, un texto del propio Juan Pablo II escrito para la festividad de ayer.







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