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Washington sigue, sin embargo, fiel a las reducciones voluntarias de las emisiones de anhídrido carbónico y no propone ninguna medida para remediar el efecto invernadero, ni parece dar paso alguno hacia la ratificación del protocolo de Kioto.
En un documento entregado a la ONU días atrás, sin anuncios públicos ni comunicados, aunque el texto está disponible en Internet, Estados Unidos prevé que entre 2000 y 2002 las emisiones ligadas al efecto invernadero aumentarán en ese país un 43 por ciento.
El informe periódico, en base a acuerdos existentes en la ONU fruto de un análisis científico, no compromete directamente a la administración.
El New York Times que le dedica un título en primera página sugiere dos posibles interpretaciones.
Podría tratarse de un primer paso hacia una nueva posición norteamericana más abierta sobre los problemas ambientales, sin excluir que tarde o temprano Estados Unidos pueda acercarse a las posiciones de la Unión Europea (UE), que hace días ratificó el protocolo de Kioto.
Pero están también los que minimizan las nuevas posiciones norteamericanas, dado que ninguna medida concreta se ha propuesto para reducir el efecto invernadero en Estados Unidos.
Entre las consecuencias catastróficas planteadas como hipótesis está la desaparición de manantiales en las montañas, los fenómenos de seguía en las Montañas Rocosas y la pérdida de nivel de agua en las lagunas costeras.
El grito de alarma fue lanzado hace dos días, un poco antes de la iniciación de la Jornada mundial del ambiente que se celebrará el 5 de junio y cuya consigna es "Den una posibilidad a la tierra".
En realidad, la nueva posición norteamericana parece querer tener en cuenta tesis de los ambientalistas sin renegar de los industriales.
Los primeros, como explicó Mark Van Putten, presidente de la National Wildlife Federation, consideran que "finalmente la administración Bush admitió que el recalentamiento global modificará para siempre las áreas más salvajes de Estados Unidos".
Los segundos siguen rechazando los informes científicos que acusan a los combustibles fósiles de estar entre los principales protagonistas del efecto invernadero, juzgándolos inválidos.
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