Entre los acusados de haber ordenado su asesinato, figuran el padrino de la mafia Para los jueces, la Cosa Nostra ordenó su asesinato por tres motivos: porque no fue capaz de administrar correctamente el dinero que le entregó la organización criminal, para impedir que denunciara las vinculaciones entre el dinero de la mafia y el del banco del Vaticano (el célebre IOR, Instituto de Obras Religiosas) y como advertencia o chantaje a los demás empresarios del sector.
Roberto Calvi, afiliado a la controvertida logia masónica Propaganda 2 (P2), malversó, al parecer, o más bien invirtió mal, más de mil millones de dólares de las arcas de su banco, que contenían principalmente fondos del Vaticano y de la mafia.
Apoyado por el poderoso monseñor americano Paul Marcinkus, quien dirigía el IOR, Calvi hizo una serie de inversiones arriesgadas, entre ellas el blanqueo de dinero sucio proveniente de las actividades ilícitas de la mafia a través de sociedades del banco en el exterior, sobre todo en los paraísos fiscales de Panamá y Bahamas.
Marcinkus, investigado por la Justicia italiana, se vio obligado a dejar, en 1990, el Vaticano y retirarse en Estados Unidos tras una larga negociación entre Italia y la Santa Sede.
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