En el segundo año de gobierno de Juan Perón, la Argentina quedó involucrada en un conflicto con la Unión Soviética de Stalin, cuyos detalles se conocen recién hoy. Todo surgió a raíz de un cinematográfico intento de fuga de dos exiliados españoles, ayudados por un argentino, sindicalista panadero que servía como agregado gremial en la embajada en Moscú. Ambos, junto con otros dos compatriotas, terminaron en un campo de concentración condenados por espionaje en favor de la Argentina. Esta es la asombrosa historia revelada por un historiador ruso.
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No sólo les fue negado, sino que se empezó a hablar de ellos como individuos desprovistos de «moral socialista». Mientras a los españoles buenos se los premiaba con cargos bien remunerados, los españoles malos trabajaban en fábricas, cuando no eran empujados a campos de concentración. Informate más
Faltaban unas horas para el amanecer, cuando en la entrada del Grand Hotel de Moscú paró un camión en el que cargaron dos enormes maletas. No tardó en llegar un coche, un Opel, cuyo conductor tocó discretamente la bocina.
Un poco contrariado, Conde se dejó caer derrotado en una de las butacas del aeropuerto y sacó del bolsillo una petaca.
Aunque no lo sabía mientras bebía un sorbo de coñac, aquél
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