Un acuerdo político firmado entre el gobierno y las principales bancadas del Congreso -excepto el Movimiento al Socialismo del cocalero Evo Morales-llevó anoche a la ratificación de Carlos Mesa como presidente de Bolivia. El rechazo a su renuncia fue votado por unanimidad. El acuerdo, trabajosamente logrado, sienta las bases de una nueva ley de hidrocarburos que vela por los intereses del Estado y por la continuidad de las inversiones extranjeras "para asegurar las exportaciones comprometidas", según dijo el fortalecido mandatario en un discurso ante el Congreso. Este punto es crucial para la Argentina, que depende del gas boliviano para no volver a caer en una crisis energética. El entendimiento establece, además, la elección directa de los gobernadores, llama a una Asamblea Constituyente y propone un referendo para dar autonomía a las regiones. Finalmente, Mesa logró unificar a casi todo el arco político contra Morales, cuyo partido -cada vez más radicalizado y ahora aislado-anunció anoche el recrudecimiento de los piquetes y de las protestas.
En medio de los aplausos de los legisladores, Mesa
Ramírez señaló que el MAS -que rechazó la renuncia presidencial como todas las otras bancadas- no aceptó la exigencia gubernamental de suavizar las cargas tributarias impuestas a las empresas petroleras contempladas en una ley de hidrocarburos ya parcialmente aprobada por la Cámara de Diputados, que las eleva de 18% a 50%.
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