Soldados
libaneses
muestran su
satisfacción
al tomar el
control del
sur del país
tras décadas
de ausencia.
Según el
gobierno de
Beirut, no
forzarán el
desarme de
Hizbollah,
que será
alcanzado
por medios
políticos.
Beirut (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El ejército libanés afrontó ayer el mayor desafío de su historia reciente al iniciar el despliegue de 15.000 de efectivos al sur del río Litani, una zona fuera de su control desde hace décadas y en la que tendrá que desempeñar un papel extremadamente delicado en el mantenimiento de la paz.
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El traslado de las tropas se efectuó a buen ritmo, y un contingente de 2.500 soldados había conseguido cruzar ese río y entrar en la zona más devastada por el último conflicto, sobre la que el ejército no tiene control alguno desde poco después del inicio de la Guerra de los Seis Días, de 1967.
Muchos habitantes del Sur salieron al paso de los convoyes militares para saludar a los soldados mientras agitaban banderas del Líbano y arrojaban flores sobre los camiones, que iban cargados de colchones y camas para ayudar a la población a establecerse de nuevo.
El primer grupo de blindados ligeros y vehículos de transporte, compuesto por decenas de unidades, cruzó el Litani a través de una construcción improvisada en el lugar donde antes estaba el puente de Kasmiyeh, destruido en un ataque israelí, a una decena de kilómetros de la ciudad de Tiro.
Ya más hacia el Sur, las soldados entraron a pie, mientras que vehículos blindados de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano (FINUL) se mantenían en el ingreso norte de la localidad.
Los militares izaron la bandera libanesa en cada ciudad a la que llegaron, y en Maryayun, donde se instalará el cuartel general de todas las fuerzas desplegadas en el Sur, las tropas realizaron una pequeña ceremonia.
Significado
El general Sar Sijani, comandante de la Décima Brigada de Infantería y máximo responsable de la operación de despliegue en el Sur, aseguró: «Nuestra presencia aquí significa la victoria del pueblo» y afirmó que se desplegarán en la región para garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Por su lado, el ministro de Energía libanés y miembro del grupo chiita Hizbollah, Mohamad Sneigh, declaró al periódico libanés «Al-Balat» que su movimiento «da la bienvenida al ejército» y «tampoco se opone» al despliegue de otros 15.000 efectivos de la ONU, «siempre y cuando no traten de desarmarlo».
La zona de cerca de 30 kilómetros desde el Litani hasta la frontera israelí ha estado controlada sucesivamente desde hace casi 40 años por los guerrilleros palestinos, por los soldados israelíes y, desde la retirada de éstos en 2000, por los milicianos de Hizbollah.
«El proceso de transferencia de responsabilidades en el área ya comenzó», declaró, por su parte, el ejército israelí a través de un comunicado difundido en Jerusalén. «Se llevará a cabo en fases sucesivas y está condicionado al refuerzo de UNIFIL y de la capacidad del ejército libanés para tomar el efectivo control del área» al sur del río Litani, agregó la nota oficial.
Mientras tanto, autoridades y organizaciones no gubernamentales se comenzaban a movilizar para reconstruir los poblados destruidos, a medida que llegaban los refugiados.
El Comité Internacional de la Cruz Roja dijo que envió técnicos para comenzar con las reparaciones de las cañerías de agua por los bombardeos. También mandó seis convoyes con alimentos y combustible hacia el sur y este del Líbano.
Asimismo, el Programa Mundial de Alimentación (PMA) de la ONU hizo llegar camiones con alimentos, agua, carpas y estaba esperando el arribo de barcos cargados con toneladas de ayuda de Italia y de Francia, así como dos aviones de Jordania.
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