Durante décadas, en amplios sectores de la frontera apenas existía una cerca de alambre de púas. Hoy, en cambio, avanzan estructuras de acero de hasta nueve metros de altura, acompañadas por cámaras, sensores, radares, inteligencia artificial y torres de vigilancia distribuidas a lo largo del límite entre ambos países.
Las autoridades sostienen que este esquema permite liberar efectivos para otras tareas operativas mientras los sistemas electrónicos monitorean amplias zonas de la frontera.
El gobierno de Donal Trump acelera las obras
Desde su primera campaña presidencial, Donald Trump convirtió el fortalecimiento de la frontera con México en una de las principales banderas de su gestión.
Con la nueva asignación presupuestaria de u$s46.000 millones, la CBP comenzó a firmar contratos por miles de millones de dólares para ampliar el sistema.
El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, aseguró que una primera etapa del proyecto estará finalizada "para esta misma fecha del próximo año".
Por su parte, Scott indicó que actualmente se construyen 10 kilómetros de muro por semana. Hasta mediados de junio de 2026, el organismo levantó otros 119 kilómetros de barreras y prevé continuar expandiendo el sistema durante los próximos meses.
Sin embargo, alrededor de 861 kilómetros de los casi 3.200 kilómetros de frontera no contarán con un muro convencional debido a las características geográficas del terreno. Allí se instalarán sensores, torres de vigilancia y otros dispositivos electrónicos.
Además, el organismo trabaja sobre sectores ya construidos para incorporar iluminación, caminos de patrullaje y nuevos equipos tecnológicos.
En el estado de Texas, donde el Río Grande marca gran parte del límite con México, también comenzaron a colocarse boyas cilíndricas de entre 3,7 y 4,5 metros de longitud destinadas a impedir el paso de migrantes y contrabandistas.
Una frontera cada vez más vigilada
El proyecto representa un cambio profundo en el funcionamiento de la CBP, cuya estructura evolucionó significativamente desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Hoy la vigilancia incluye cámaras térmicas, radares, sensores de movimiento, sistemas infrarrojos, inteligencia artificial y cables de fibra óptica enterrados capaces de detectar desplazamientos sobre el terreno.
Las torres de vigilancia pueden analizar automáticamente imágenes mediante algoritmos de inteligencia artificial y alertar a los agentes cuando detectan actividades consideradas sospechosas. En algunos casos, estas estructuras se encuentran montadas sobre camiones para facilitar su traslado a distintos puntos de la frontera.
La legislación aprobada por el Congreso establece además que la CBP incorpore exclusivamente torres autónomas, motivo por el cual ya comenzó el despliegue de otras 95 unidades. Bajo la superficie también funcionan redes de fibra óptica capaces de registrar vibraciones y movimientos.
Denuncian una frontera cada vez más militarizada.
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"Seguimos el contorno del terreno. Pasamos por los árboles. Bajamos a las riberas del río. Podemos ir absolutamente a todas partes", explicó Magnus McEwen-King, director ejecutivo de Sintela, empresa encargada de instalar parte de esa infraestructura.
Organizaciones civiles cuestionan el proyecto
El avance del llamado "muro inteligente" despertó fuertes críticas de organizaciones defensoras de los derechos civiles y de comunidades que viven en la frontera.
Ricky Garza, asesor de políticas fronterizas de la organización Southern Border Communities Coalition, advirtió que el despliegue de nuevas tecnologías incrementa la vigilancia sobre la población local. "Estamos viendo una enorme expansión de la vigilancia y de la tecnología de vigilancia en toda la región fronteriza", afirmó.
"El muro, en todas sus formas, es perjudicial para las comunidades", agregó. Según la organización, estos sistemas también empujan a los migrantes hacia rutas cada vez más peligrosas para evitar ser detectados.
Habitantes de la zona denunciaron además la instalación de sensores y cámaras dentro de propiedades privadas sin autorización. Nayda Alvarez, cuya familia posee tierras junto al Río Grande, relató que recientemente descubrió una torre de vigilancia cerca de su vivienda.
"¿Estamos esperando una guerra o algo así?", cuestionó. "No me hace sentir más segura". Además de las críticas por el impacto social, distintas organizaciones cuestionaron el enorme desembolso destinado al programa.
El grupo independiente Taxpayers for Common Sense reclamó una evaluación más exhaustiva sobre la eficacia de las nuevas tecnologías y recordó el fracaso del denominado "muro virtual" impulsado durante la presidencia de Barack Obama, que fue cancelado en 2011 tras sufrir sobrecostos, retrasos y problemas técnicos.
Su director de investigación, Josh Sewell, pidió mayores controles sobre la utilización de los recursos públicos y reclamó una supervisión más estricta del gasto.
La CBP, por su parte, rechazó esos cuestionamientos y aseguró que el proyecto cuenta con mecanismos de control adecuados.
Persisten las resistencias en distintos sectores de la frontera
En regiones como Big Bend, al sur de Texas, la oposición al proyecto reunió apoyos tanto de dirigentes demócratas como republicanos, especialmente por el impacto que podría generar sobre parques nacionales y reservas naturales.
Ante esas objeciones, la CBP modificó parte de sus planes y descartó instalar allí un muro de acero de 9 metros de altura. En cambio, propuso construir caminos de patrullaje, barreras para vehículos y reforzar la vigilancia mediante tecnología.
No obstante, las preocupaciones persisten. Clara Benson, una de las fundadoras de la organización No Big Bend Wall, advirtió que incluso la instalación de potentes sistemas de iluminación podría alterar uno de los principales atractivos naturales de la región: sus cielos nocturnos.
"Todavía hay mucho miedo y angustia de que el plan siga siendo bastante dañino", concluyó en relación al accionar del gobierno de Trump en la frontera estadounidense.