Es eso lo que encuentran intolerable los grupos radicales palestinos, que ven en ello una inaceptable concesión de Arafat a Israel y a los Estados Unidos.
El miércoles, algunos cientos de manifestantes del FPLP intentaron abrirse paso hasta la involuntaria residencia permanente del rais en Ramallah para hacérselo saber, pero la policía logró mantenerlos a raya. Hubo protestas similares en Nablus y en Belén, donde el izquierdista FPLP cuenta con muchos partidarios, sobre todo entre la comunidad cristiana palestina. Concesión o no, a Arafat no parece haberle servido de mucho. El gobierno israelí no cree que el arresto de Saadat sea «serio» y, en todo caso, ha puesto otras condiciones para levantar el castigo a Arafat.
Sharon volvió a reiterarlas el miércoles: quiere la detención de tres personas más, sospechosas de haber participado en el atentado que costó la vida al ministro israelí de Turismo,
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