Fue recibido ayer a su solicitud por el secretario general de la ONU, Kofi Annan, quien previamente había dicho que Aldouri «no le pidió ninguna clase de asistencia, ni asilo ni protección».
En declaraciones a la prensa, Aldouri manifestó que «todo se acabó. No hay gobierno al que representar. Ahora sólo represento a mi país».
Su llegada a la ONU para la entrevista con Annan, puso fin a versiones de prensa sobre un presunto viaje suyo a París, y luego a Holanda, tras dejar abruptamente Nueva York, donde en la puerta de su residencia del Upper East Side, en Manhattan, el miércoles declaró a la prensa que «el juego ha concluido». Había agregado que «desde hacía varios días no tenía comunicación con su gobierno y que no tenía relación con el presidente Saddam Hussein».
Durante su misión en la ONU, de poco más de dos años, fue un firme defensor del régimen de Hussein, y en todos los debates de la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y varios paneles, reafirmó que Irak no tenía más armas de destrucción masiva.
En su última intervención ante el Consejo de Seguridad, el 27 de marzo, Aldouri dijo que Estados Unidos, Gran Bretaña y Australia «comenzaron una verdadera guerra de exterminio que mataría y destruiría todo», lo cual motivó la inesperada salida del Consejo del embajador norteamericano, John Negro-ponte. Pero Aldouri gozaba de una excelente reputación entre las misiones diplomáticas en la ONU, a tal punto que, aún cuando ambos están en veredas opuestas, el embajador británico ante la ONU, Jeremy Greenstock, dijo que «le rendía homenaje, porque es una muy buena persona».
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