Atenas amaneció en una tensa calma, mientras se esperan nuevas protestas.
Las autoridades griegas cerraron muchas calles de Atenas en espera del funeral del joven que el sábado murió baleado por la policía, tras una tercera noche de violentas protestas que se saldaron con 87 detenidos y 24 heridos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Las protestas convocadas por la izquierda parlamentaria reunieron a miles de personas en Atenas y Tesalónica y degeneraron en actos de vandalismo como en otras ocasiones, atribuidos a grupos anarquistas, con saqueos en decenas de tiendas, bancos y equipos públicos, bajo una atmósfera irrespirable por los gases lacrimógenos.
El gobierno defendió la labor de las fuerzas de seguridad ante las críticas feroces de la mayoría de medios de comunicación, que denunciaron la "ineficacia", el "vacío de poder" y lo acusaron de haber dejado al país a merced de la "anarquía".
El primer ministro conservador Costas Caramanlis hizo un llamamiento a la unidad nacional y a "condenar categóricamente y aislar a los autores de estas destrucciones", tras informar de la situación al del Estado, Karolos Papoulias.
El jefe de gobierno se reunirá durante el día con los líderes de los partidos de oposición.
La crisis desatada por la muerte del joven debilitó aún más a Caramanlis, cuya popularidad estaba ya bajo mínimos por la crisis económica y por un escándalo urbanístico que le obligó a cesar a dos de sus más estrechos colaboradores el pasado mes.
Un portavoz gubernamental desmintió informaciones de prensa de que el gobierno griego planeaba instaurar la ley marcial.
Hay convocadas nuevas manifestaciones para hoy.
Los colegios de secundaria de todo el país permanecerán cerrados en señal de duelo por la muerte del joven, por decisión del ministerio de Educación.
Alexis Grigoropoulos, de 15 años, murió el sábado por un disparo de un policía tras un altercado entre un grupo de jóvenes y las fuerzas de seguridad en el centro de Atenas.
El funeral se celebrará en el cementerio municipal de Palio Faliro, un suburbio residencial al sudeste de Atenas, muy cerca del puerto del Pireo.
Atrincherados en la Escuela Politécnica, un centenar de jóvenes continuaban desafiando a las fuerzas del orden, que respondían con gases lacrimógenos, según una fuente policial.
Doce policías resultaron heridos en los enfrentamientos y al menos diez personas fueron hospitalizadas por problemas respiratorios tras haber inhalado gases lacrimógenos.
Los bomberos realizaron 190 intervenciones y tuvieron que extinguir las llamas en 49 edificios de oficinas, 47 tiendas, 20 vehículos y diez edificios oficiales, según una fuente de este cuerpo. También se produjeron incidentes en Tesalónica (norte), Patras (en el Peloponeso), Larissa (centro), en la isla de Creta (sur) y en Ioannina (nordoeste).
El policía que disparó sobre Grigoropoulos sigue detenido, acusado de "homicidio involuntario", así como el agente que le acompañaba, acusado de "complicidad". Según los analistas, estos incidentes muestran la combatividad y la capacidad organizativa en las grandes ciudades del movimiento anarquista, que cuenta con 2.000 a 3.000 miembros y aprovecha cualquier manifestación estudiantil o grandes mítines sindicales para llevar a cabo actos vandálicos.
La prensa griega coincidió en criticar al gobierno por no haber actuado antes, dejando el campo libre a los vándalos. Una pasividad que los expertos interpretan como una medida para que el movimiento anarquista no se radicalice aún más.
Dejá tu comentario